Deja tus redes... y sígueme

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    Queridos diocesanos:

    La celebración del Día del Seminario, que este año tiene lugar este 22 de marzo, V domingo de Cuaresma, es siempre un motivo de profunda alegría para toda la Iglesia diocesana. El Seminario es, en efecto, el corazón que sostiene y alimenta la esperanza de nuestra diócesis, lugar donde crece la llamada del Señor al ministerio sacerdotal. 

    En las visitas que he tenido la suerte de realizar a las parroquias de nuestra diócesis de Ciudad Real he podido constatar el sincero afecto y el aprecio que sentís por vuestros sacerdotes. Ellos ejercen su ministerio, conscientes de ser los pastores que llevan al mismo Cristo hasta los más lejanos rincones de nuestras queridas y extensas tierras manchegas. Ellos son los que además de acompañar, escuchar y atender, llevan la salvación misma que es la eucaristía. Expreso desde aquí mi agradecimiento a todos los sacerdotes de la diócesis, cuya vida entregada continúa siendo estímulo y ejemplo para muchos jóvenes.

    El lema de este año, Deja tus redes… y sígueme, se inspira en las palabras con las que Jesús llamó a los primeros discípulos en el evangelio y nos recuerda la esencia de toda vocación: la llamada personal que el Señor hace a cada uno de nosotros y la respuesta generosa de quien se decide a confiar en Él. En un primer momento, la llamada del Señor exige renuncia y desprendimiento por dejarlo todo para seguir a Jesús; sin embargo, el encuentro con Cristo cambia completamente el horizonte de la vida, dándole un nuevo sentido. 

    Quiero subrayar que la vocación sacerdotal es, en realidad, una llamada a la alegría. Quien responde a la llamada que hace el Señor para seguirlo desde el sacerdocio ministerial descubre que la verdadera alegría nace de entregar la vida por amor. El sacerdote está llamado a ser testigo de esa alegría del evangelio, una alegría que brota de saberse amado por Dios y enviado a servir a los demás. 

    Este lema nos invita a todos, no solo a los seminaristas, a preguntarnos qué redes estamos dispuestos a dejar para seguir más de cerca al Señor. Cada vocación cristiana implica confianza, disponibilidad y generosidad. En el caso del sacerdocio, esa respuesta se concreta en una vida entregada al anuncio del Evangelio, a la celebración de los sacramentos y al cuidado pastoral del pueblo de Dios.

    La vocación sacerdotal es una llamada a la alegría. Quien responde a la llamada que hace el Señor para seguirlo desde el sacerdocio ministerial descubre que la verdadera alegría nace de entregar la vida por amor


    Nuestra diócesis da gracias a Dios por el don del Seminario y por los jóvenes que han escuchado su llamada. Actualmente contamos con 19 seminaristas en el Seminario Mayor y 7 en el Seminario Menor. Cada uno de ellos está recorriendo un camino de discernimiento y formación humana, espiritual, intelectual y pastoral. Son jóvenes que, con generosidad, están aprendiendo a configurar su vida con Cristo, Buen Pastor. Os pido vuestra oración por todos ellos, para que su vocación vaya creciendo y lleguen a ser buenos y santos sacerdotes entregados a Cristo y a su Iglesia.

    Hace pocos días hemos vivido un momento especialmente alegre para nuestro Seminario y para toda la diócesis. El pasado día 19, solemnidad de san José, en la capilla mayor de nuestro querido Seminario de Ciudad Real, celebramos la eucaristía en la que cinco seminaristas realizaron el rito de admisión a las órdenes sagradas, manifestando públicamente su deseo de continuar el camino hacia el sacerdocio. Además, uno de ellos fue instituido en el ministerio de lector y dos en el ministerio de acólito, pasos importantes dentro de su proceso de formación y de servicio en la Iglesia.

    Que san José, custodio fiel de Jesús y modelo de entrega silenciosa, acompañe a nuestros seminaristas y a todos los que el Señor llama a seguirlo más de cerca. Y que, en nuestras comunidades cristianas y en las familias, sepamos crear un clima de fe, generosidad y oración donde pueda resonar con fuerza la llamada actual de Cristo: «Deja tus redes… y sígueme».

    Os bendice, vuestro obispo,

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