Tu vida, una misión

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    El segundo domingo del tiempo ordinario de cada año se celebra en España la Jornada de la Infancia Misionera, una ocasión privilegiada para alentar el espíritu misionero y la solidaridad mutua entre los niños de todo el mundo. La colecta de esta jornada sostiene muchos proyectos evangelizadores y asistenciales en favor de los más pequeños que viven en territorios de misión.

    La importancia de esta jornada radica en que el Papa implica a los niños del mundo a ayudar a otros niños, especialmente a aquellos que no tienen lo necesario para vivir o que aún no conocen a Dios. De este modo, los pequeños se convierten en auténticos protagonistas de la acción misionera. Las Obras Misionales Pontificias tienen como finalidad fomentar la cooperación misionera universal: promoviendo el espíritu misionero, informando sobre las necesidades de la misión, e impulsando la oración y la ayuda mutua entre las Iglesias mediante el envío de misioneros y de medios materiales. 
     

    Decir «Tu vida, una misión» nace de la convicción de que la vida de cada bautizado es, en sí misma, una misión


    La Iglesia cuida de manera especial a los niños en los territorios de misión a través de incontables iniciativas: colegios, hogares, hospitales, catequesis y muchos otros proyectos. Toda esta labor es sostenida por la Infancia Misionera, gracias a la cual estas ayudas llegan a más de cuatro millones de niños en 120 países. Así lo recuerda el papa León XIV: «Cuando fui sacerdote, y luego obispo misionero en Perú, vi de primera mano cómo la fe, la oración y la generosidad pueden transformar comunidades enteras».

    Como nos recuerda el director de las Obras Misionales Pontificias, desde la Conferencia Episcopal Española se está haciendo un gran esfuerzo por promover una auténtica cultura vocacional, de modo que todos los bautizados nos sintamos elegidos por Dios para vivir una fe viva y contagiosa. Nuestra vida de fe no es un adorno, sino una forma de entender la vida y nuestra propia identidad. Decir «Tu vida, una misión» nace de la convicción de que la vida de cada bautizado es, en sí misma, una misión.
     

    En esta celebración de la Infancia Misionera, los adultos tenemos una gran responsabilidad: enseñar a los niños y jóvenes a orar, a conocer a Jesús y tratarlo como un amigo


    El lema de esta Jornada ayuda a concienciar a nuestros niños y jóvenes de que todas las circunstancias que viven y todas las personas con las que se encuentran son una oportunidad para ser apóstoles, evangelizadores y misioneros. La vida de cada uno de ellos, en su lugar y circunstancias concretas, forma parte del plan de salvación que Dios va realizando en la historia. El testimonio que ofrecen entre sus amigos, compañeros y familiares es insustituible, y les permite experimentar la alegría de ser instrumentos de Dios para hacer llegar su amor y su salvación a otros niños que viven en las misiones.

    Queridos diocesanos de Ciudad Real, en esta celebración de la Infancia Misionera, los adultos tenemos una gran responsabilidad: enseñar a los niños y jóvenes a orar, a conocer a Jesús y a tratarlo como a un amigo. Esta hermosa misión se realiza en los centros educativos y en las parroquias pero, sobre todo, en el seno de la familia. Los padres, con su ejemplo de vida y su palabra, son los primeros transmisores de la fe. Pidamos al Señor que nos conceda un corazón verdaderamente misionero, capaz de reconocer los dones recibidos y ponerlos al servicio de los demás, haciendo así de nuestra vida una auténtica misión.

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