Conviértete y cree en el evangelio

Elementos relacionados

    Queridos diocesanos:

    El próximo 18 de febrero, Miércoles de Ceniza, comenzará este año la Cuaresma, tiempo litúrgico que culminará con la celebración del momento más glorioso para los cristianos: la Vigilia Pascual. Ese día podremos cantar con gozo, junto a san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» (1Cor 15,54-55).

    Todavía con el recuerdo del Año Jubilar, el Miércoles de Ceniza dará inicio a este tiempo de gracia y de preparación que es la Cuaresma. El lema del Jubileo, abierto por el papa Francisco y clausurado por el papa León XIV, Peregrinos de Esperanza, fue una llamada a caminar juntos, sostenidos por la esperanza, y a descubrir la propuesta de conversión que el Señor nos sigue dirigiendo a todos. Dios nos quiere para la vida; la muerte, no tiene la última palabra. 

    Cubrirse la cabeza de ceniza expresa arrepentimiento y voluntad de conversión

    Desde los inicios de la Iglesia, la Pascua se convirtió en el núcleo central en torno al cual giraba la vida cristiana. Por ello, al celebrar anualmente el misterio pascual de Cristo, se advirtió la necesidad de una preparación adecuada para la celebración del Domingo de Resurrección. Así, el significado teológico de la Cuaresma fue enriqueciéndose notablemente a lo largo del tiempo 

    La Cuaresma tiene sentido en cuanto nos encamina hacia la Pascua. El sacrificio y la penitencia adquieren su verdadero valor porque nos conducen al encuentro con Jesucristo muerto y resucitado. El Señor nos concede nuevamente un tiempo precioso para prepararnos a celebrar el gran misterio de su muerte y resurrección, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria. 

    La vivencia de este misterio nos lleva a experimentar la inmensa misericordia que Dios tiene con nosotros, a pesar de nuestros fallos y equivocaciones. Somos conscientes de que somos amados por Cristo sin merecerlo. No hay mayor muestra de amor que dar la vida por los demás, como así lo ha hecho Jesús en la cruz para salvarnos. Esta salvación se hace presente cada vez que nos acercamos al sacramento de la reconciliación y creemos firmemente en su misericordia. La pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado, sino una realidad siempre actual.

    La ceniza que se nos impone procede de las palmas y ramos bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior [...]. Aquellas palmas que un día fueron signo de gloria se convierten en ceniza

    La imposición de la ceniza marca el inicio de la Cuaresma. En la tradición bíblica, cubrirse la cabeza de ceniza expresa arrepentimiento y voluntad de conversión, pues la ceniza simboliza la fragilidad del ser humano y la brevedad de la vida. En el cristianismo, esta práctica se remonta a los orígenes de la Iglesia, cuando se imponía la ceniza a los penitentes que se preparaban durante la Cuaresma para recibir la reconciliación. Con el paso del tiempo, este signo se extendió a todos los cristianos, recordándonos que todos somos pecadores y necesitamos conversión.

    La ceniza que se nos impone procede de las palmas y ramos bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior, cuando celebramos la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén. Así, aquellas palmas que un día fueron signo de gloria se convierten en ceniza, advirtiéndonos de que la gloria humana pasa, pero la victoria pascual de Cristo permanece para siempre. Para nosotros, esta ceniza se transforma en un signo de la renovación de la fe y de la esperanza.

    Queridos diocesanos, pidamos a la Virgen del Prado que, como ella, sepamos ser obedientes a la voluntad del Padre y caminemos, durante esta Cuaresma, hacia la victoria pascual.

    Vuestro obispo,

    + Abilio

      Listado completo de Cartas