Domund 2026: Cien años unidos en la misión

La Delegación Diocesana de Misiones presentó este 14 de octubre, la campaña del Domund 2026, que se celebrará el domingo 18 de octubre, este año con el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión». La Jornada Mundial de las Misiones cumple este año su centenario, desde que el papa Pío XI la instituyera en 1926.

En la presentación intervinieron el delegado diocesano de Misiones, Damián Díaz Ortiz, y el religioso pasionista Miguel Pozuelo, natural de Daimiel, que ha compartido su experiencia de más de cincuenta años como misionero en Sudamérica.
 Damián Díaz recordó que el Domund nació para implicar a toda la Iglesia en la oración y el sostenimiento de los territorios de misión, una tarea que desde sus comienzos coordina Obras Misionales Pontificias. Durante este siglo, el número de territorios de misión se ha cuadruplicado y la población católica en ellos ha pasado de 9,6 millones a casi 347 millones de personas.
 

La diócesis de Ciudad Real cuenta con 140 misioneros, aproximadamente la mitad de ellos trabajando directamente en territorios de misión


Díaz destaca que la diócesis de Ciudad Real cuenta con 140 misioneros, aproximadamente la mitad de ellos trabajando directamente en territorios de misión, principalmente en América y África.

Ciudad Real aportó 146.736,91 euros al Domund en 2025, mientras que la recaudación en toda España ascendió a 10,69 millones de euros.

En cuanto al lema de este año —«Uno en Cristo, unidos en la misión»—, elegido por el papa León XIV, el delegado explica que es una frase que invita a todos los bautizados a participar en la misión evangelizadora de la Iglesia, viviendo la misión en comunidad.
 
Miguel Pozuelo: una vida entregada a la misión

Tras la intervención del delegado, Miguel Pozuelo compartió su experiencia de 53 años en Sudamérica, donde ha trabajado en Honduras, El Salvador, Costa Rica y Guatemala, antes de llegar a México, donde reside actualmente.

El religioso comenzó recordando que la misión es una tarea compartida por toda la Iglesia. «Los misioneros no somos los que estamos allá», dijo, en referencia también a quienes colaboran desde los monasterios, las parroquias, el voluntariado y la ayuda económica.

Pozuelo destaca que la evangelización y el compromiso social son inseparables, siguiendo la orientación de la Iglesia sudamericana desde la Conferencia de Medellín. En este sentido, insiste en la importancia de acompañar a los pueblos para que puedan organizarse, defender sus derechos y mejorar sus condiciones de vida.

En Honduras trabajó en numerosas comunidades rurales, algunas de muy difícil acceso, donde conoció una Iglesia sostenida principalmente por los laicos, que organizaban las celebraciones de la Palabra, la catequesis y la pastoral social.

Uno de los recuerdos más duros de su vida misionera corresponde a los años de la guerra civil de El Salvador. Allí fue testigo de asesinatos, desapariciones y situaciones de violencia que afectaban a toda la población. Recuerda cómo, en ocasiones, los familiares no se atrevían a enterrar a sus muertos por miedo a las represalias y era la Iglesia la que procuraba darles sepultura.
 

«Uno se iba a la cama y no sabía si iba a amanecer»


«Uno se iba a la cama y no sabía si iba a amanecer», explicó. El ejército llegó a registrar en dos ocasiones la casa donde vivían los religiosos. En medio de aquel conflicto, su labor consistía en permanecer junto a las comunidades, acompañando a quienes sufrían las consecuencias de la guerra.

Posteriormente, en Costa Rica, acompañó a refugiados salvadoreños y a familias sin vivienda; y en Guatemala, a comunidades indígenas y personas que sobrevivían recogiendo materiales en un gran vertedero. Son experiencias que muestran cómo el anuncio del evangelio va unido a la cercanía y al servicio de quienes más lo necesitan.

Actualmente desarrolla la misión en una parroquia de México, donde atiende las celebraciones, acompaña a un grupo de catequistas y colabora en la pastoral de un hospital.

Para concluir, Pozuelo comparó la misión con la responsabilidad que existe dentro de una familia de ayudar a quienes más lo necesitan, subrayando que los misioneros deben acercarse a las comunidades respetando su cultura, su idioma y su manera de vivir la fe: «El Evangelio llega a estos lugares antes de que llegue el misionero, porque Dios ahí está antes que lleguemos nosotros».

El testimonio de Miguel Pozuelo, desde su experiencia personal, refleja la entrega de tantos misioneros que anuncian el Evangelio y acompañan a las comunidades más necesitadas en distintos lugares del mundo.