El Seminario Diocesano acogió ayer, 7 de octubre, la inauguración oficial del curso académico 2026-2027 del Seminario y del Instituto de Teología «Beato Narciso Estenaga». La jornada comenzó con la celebración de la eucaristía, presidida por el obispo de Ciudad Real, don Abilio Martínez Varea, y continuó con el acto académico, en el que intervino Ramón Horcajada con la conferencia «La persona, ser inacabado. Una antropología para la esperanza».
La oración y el testimonio
En la misa, el obispo invitó a toda la comunidad —que llenó la capilla mayor del Seminario— a comenzar el nuevo curso como «un don de Dios», agradeciendo la oportunidad de seguir creciendo en la vida cristiana y en la formación. Don Abilio destacó la importancia de la oración en el estudio de la teología, recordando que «la teología verdadera nace de la oración y de la contemplación».
Dirigiéndose a profesores y formadores, el obispo insistió en la necesidad de acompañar la enseñanza con el testimonio personal. «Se enseña más con el ejemplo que con las palabras», dijo, recordando las palabras de san Pablo VI en Evangelii nuntiandi: «El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio».
Don Abilio se dirigió además a los seminaristas, a quienes recordó que el Seminario no es simplemente una etapa de preparación para ejercer una función, sino, ante todo, «una escuela de discípulos». En este sentido, explicó las distintas etapas de la formación sacerdotal, desde el discernimiento inicial hasta la configuración progresiva con Cristo.
Este curso, el Seminario Diocesano cuenta con seis seminaristas en el Seminario Menor y catorce en el Mayor, además de un seminarista que realiza el año de pastoral. El obispo los animó a vivir el nuevo curso con alegría, profundizando en su vocación y creciendo en la oración, el estudio y la convivencia. «Sois los llamados por Jesucristo con nombre propio para estar con Él y predicar el Evangelio», les dijo.
«Sois los llamados por Jesucristo con nombre propio para estar con Él y predicar el Evangelio»
También se dirigió a los alumnos del Instituto de Teología, destacando que su formación no debe limitarse a adquirir conocimientos o a la obtención de un título. El estudio de la teología, explicó, permite comprender mejor al ser humano, el evangelio y el mundo, para poder anunciar la fe con mayor credibilidad. Citando la constitución
Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, señaló que el conocimiento de Jesucristo permite al hombre descubrirse a sí mismo y comprender su propia vocación.
Para concluir, el obispo puso el nuevo curso académico bajo el amparo de la Virgen María, en la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, e invitó a todos a seguir su ejemplo, escuchando con humildad la voz de Dios y respondiendo con generosidad a su llamada.
Durante la celebración litúrgica, los profesores del Seminario y del Instituto de Teología realizaron la profesión de fe y prestaron el juramento de fidelidad al Santo Padre y al obispo diocesano, comprometiéndose a desarrollar su labor docente en comunión con el magisterio de la Iglesia y a transmitir fielmente la doctrina católica.
El Seminario, un signo de esperanza para la diócesis
Tras la misa tuvo lugar el acto académico en el salón de actos del Seminario, que comenzó con la intervención del rector del Seminario, Felipe Muñoz. En sus palabras, destacó el valor de la formación sacerdotal y la importancia que tiene para toda la Iglesia diocesana la presencia de jóvenes que se preparan para entregar su vida al servicio del evangelio.
«Todos miramos al Seminario como agua de mayo, como signo de esperanza», dijo Muñoz, que valoró el camino recorrido por la diócesis en el ámbito de la formación.
En este sentido, destacó la consolidación del Instituto de Teología «Beato Narciso Estenaga», que ha despertado el interés de numerosos laicos por las ciencias religiosas y está contribuyendo a crear una red de personas comprometidas con la formación cristiana en las parroquias y pueblos de la diócesis. Expresó su deseo de que este esfuerzo formativo dé frutos en nuevas vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y a la vida laical, y de que todos puedan configurar cada vez más su corazón con el de Cristo, Buen Pastor.
A continuación, Ramón Horcajada pronunció la conferencia inaugural, titulada «La persona, ser inacabado. Una antropología para la esperanza».
Una formación para comprender la vida y anunciar el Evangelio
Tras la conferencia, el obispo intervino de nuevo para cerrar el acto académico y declarar oficialmente inaugurado el curso 2026-2027.
Don Abilio insistió en que la formación es una necesidad para todos los cristianos y recordó que no debe entenderse únicamente como algo destinado a los demás. «La formación es necesaria primero para nosotros», afirmó, señalando que el estudio y la reflexión ayudan a responder a los interrogantes profundos del ser humano.
Frente a una cultura que, en ocasiones, evita las grandes preguntas de la existencia y se queda en lo superficial, don Abilio defendió la necesidad de una formación que permita profundizar en la propia identidad y establecer un diálogo entre la fe y la cultura contemporánea.
En este sentido, destacó el valor de los distintos cauces formativos que ofrece la diócesis, tanto para los seminaristas como para los alumnos del Instituto de Teología y quienes participan en otras propuestas de formación.
«La formación nos ayuda a entendernos», dijo, insistiendo en que su finalidad no consiste simplemente en adquirir conocimientos, escribir libros o elaborar buenos discursos, sino en crecer como personas y anunciar el evangelio de Jesucristo.
Con estas palabras, don Abilio declaró inaugurado oficialmente el curso académico 2026-2027. Posteriormente, se procedió a la entrega de becas y diplomas a los alumnos del Instituto de Teología.