Con motivo de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, que se celebra cada 7 de octubre, distintas realidades de la Iglesia diocesana se reunieron este martes 6 de octubre en Ciudad Real para reclamar unas condiciones laborales que permitan desarrollar una vida digna. Bajo el lema «Ante la exclusión, trabajo decente», los actos denunciaron las dificultades para acceder a una vivienda.
La jornada comenzó con un acto público en la plaza de la Constitución de Ciudad Real, en el que se dio lectura al manifiesto de Iglesia por el Trabajo Decente. Posteriormente, se celebró la eucaristía en la parroquia de Nuestra Señora del Prado (La Merced), presidida por el obispo de Ciudad Real, Abilio Martínez Varea.
Antes del acto, Julio Ruiz, militante de la HOAC y miembro del equipo de Iglesia por el Trabajo Decente, explicó que la iniciativa pretende «llamar la atención sobre la realidad del trabajo y sobre la necesidad de un trabajo digno».
Este año, dijo, las entidades convocantes han querido centrarse especialmente en «uno de los grandes problemas que tiene hoy nuestra sociedad, como es el problema de la vivienda», que afecta de manera particular a los jóvenes, aunque no exclusivamente a ellos.
Ruiz explicó también que, tras el gesto público, la celebración de la eucaristía buscaba «poner esta realidad sobre el altar, vivirla en comunión» y hacer una llamada para que la situación de quienes sufren precariedad laboral y dificultades para acceder a una vivienda sea atendida por toda la Iglesia.
Tener trabajo ya no garantiza una vivienda
Durante el acto público se leyó el manifiesto de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente, que este año insiste en la relación entre empleo y vivienda. El texto advierte de que «la crisis habitacional se ha convertido en uno de los rostros más visibles de la exclusión» y constata que «tener empleo ya no garantiza acceder a una vivienda digna».
El aumento del precio de los alquileres y de la vivienda obliga, según el manifiesto, a muchos trabajadores a compartir piso durante largos periodos, endeudarse o retrasar sus proyectos personales y familiares. Una realidad que afecta de manera especial a los jóvenes.
«El trabajo decente no puede desligarse del derecho a un techo digno», señala el texto, que reclama condiciones laborales estables, salarios acordes al coste de la vida y medidas que favorezcan la conciliación familiar y personal, junto con políticas que faciliten el acceso a una vivienda digna y asequible.
«No vale cualquier trabajo»
En la eucaristía celebrada posteriormente en La Merced, don Abilio Martínez Varea, que es además responsable de la Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal Española, recordó que el trabajo no puede entenderse únicamente como un medio para obtener ingresos. «Es una dimensión esencial de toda persona», afirmó, porque mediante él el ser humano contribuye a prolongar la obra creadora de Dios, al progreso de la sociedad y al bien común.
El obispo citó la encíclica Magnifica humanitas de León XIV, que aborda precisamente el valor del trabajo y recuerda que, mediante la actividad humana, las personas contribuyen al progreso de la sociedad, sostienen a sus familias y participan en la construcción del bien común.
Don Abilio explicó que oración y trabajo no son realidades contrapuestas. «No se puede trabajar sin alimentarnos en la oración. Sin la oración, el quehacer cotidiano perdería sentido», afirmó, pero insistió en que «no vale cualquier trabajo»: debe tratarse de un trabajo decente, capaz de satisfacer las necesidades de la persona y de su familia. Y entre esas necesidades situó expresamente el acceso a una vivienda.
«Nos encontramos con el hecho de que tener trabajo no garantiza el acceso a una vivienda», denunció. Puso como ejemplo situaciones cercanas que forman parte de la vida cotidiana: jóvenes y adultos que trabajan y reciben un salario pero no pueden afrontar la compra o el alquiler de una casa.
«Las tenemos en nuestra familia, las tenemos entre nuestros amigos y conocidos. Es una realidad que palpamos en el día a día», dijo.
Don Abilio se detuvo especialmente en los jóvenes, muchos de los cuales «se ven obligados a permanecer en el domicilio familiar sin saber cuándo podrán formar una familia propia» o deben recurrir a otras soluciones que no permiten desarrollar una vida plenamente autónoma.
Recordó también las «tres tes» propuestas en distintas ocasiones por el papa Francisco: tierra, trabajo y techo. Sobre esta última, destacó el derecho a «una vivienda digna y segura», entendida como el espacio necesario para formar una familia y desarrollar una vida estable.
El obispo explicó que afrontar el problema de la vivienda es «una tarea de todos»: gobiernos, partidos políticos, instituciones y distintos agentes sociales. Para esto reclamó políticas que garanticen el acceso a una vivienda digna y asequible y recordó dos principios de la Doctrina Social de la Iglesia que considera imprescindibles: la solidaridad y la generosidad.
La celebración concluyó con una llamada a construir «una economía al servicio de las personas y no al revés» y una sociedad «más humana, más justa y más fraterna».
La Jornada Mundial por el Trabajo Decente está promovida en España por Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, JEC, JOC y HOAC, junto a otras realidades eclesiales incorporadas a la iniciativa.