Ocho siglos de fe en Santa María la Mayor de Alcázar

La parroquia de Santa María la Mayor de Alcázar de San Juan inauguró al mediodía de este domingo, 4 de enero, los actos conmemorativos de su 800 aniversario con la celebración de la eucaristía, presidida por el obispo de Ciudad Real, Mons. Abilio Martínez Varea.

En la celebración concelebraron el vicario general de la diócesis, Jesús Córdoba; el párroco de Santa María la Mayor, Javier Quevedo; así como varios sacerdotes que realizan su labor en Alcázar de San Juan y otros bautizados en la parroquia. Además, participó el diácono Diego Plana. La eucaristía contó también con la presencia de autoridades civiles y militares, entre ellas la alcaldesa de Alcázar de San Juan, Rosa Melchor, representantes de la Guardia Civil y de asociaciones y hermandades de la localidad. Los cantos estuvieron a cargo del coro parroquial.

La erección de la parroquia está documentada en 1226. Fechado en ese año, «existe un documento en el que el entonces arzobispo de Toledo decía que todos los templos tenían que estar cerrados, excepto la Iglesia de Santa María, que desde entonces sería parroquia», explica Eduardo García Villajos, miembro de la comisión que organiza el DCCC aniversario. García Villajos subraya que se trata de «un año de mucho gozo para nuestra parroquia, con un montón de actividades», recordando que durante ocho siglos la parroquia «ha servido para la evangelización, para transmitir la fe, para administrar sacramentos». Los actos, añade, se prolongarán hasta el Domingo de la Sagrada Familia de este año 2026, con «charlas, actividades, conciertos, oraciones, exposiciones y un montón de actividades a la que invitamos a toda la diócesis».

El obispo, Mons. Abilio Martínez Varea, destacó en la homilía el significado de esta celebración como inicio de un año especial y renovador para la comunidad cristiana: «Hoy, con esta eucaristía, en el segundo domingo de la Navidad, vamos a inaugurar, a iniciar el 800 aniversario de la creación de esta parroquia con un programa ambicioso y bien preparado con el fin de que este año sea un año de gozo, de fiesta y de profundización en lo que es la vida cristiana y cómo la vida cristiana se desarrolla en las parroquias». Subrayó que, aunque existen otras realidades eclesiales, «la parroquia la aglutinadora de la vida cristiana».
 

«Que este año sea un año de gozo, de fiesta y de profundización en lo que es la vida cristiana y cómo la vida cristiana se desarrolla en las parroquias»


El obispo insistió en que la parroquia no puede identificarse únicamente con el edificio: «Os pido que cuando hablemos de la parroquia de Santa María la Mayor, pensemos que es más que el templo, que es la vida cristiana que tiene lugar en este templo». En este sentido, recordó que «la parroquia la constituimos los bautizados que nos reunimos en torno al templo para escuchar la Palabra de Dios, para celebrar los sacramentos […] y también para vivir la comunión fraterna entre todos los cristianos».

Mons. Martínez Varea explicó que el programa del 800 aniversario se apoya en cuatro pilares fundamentales, comenzando por el litúrgico: «Hoy lo iniciamos en esta celebración eucarística donde habéis preparado el templo (…) con estreno de casulla, con el himno al inicio». Junto a ello, señaló un objetivo «cultural y evangelizador», invitando a contemplar «no solamente las piedras, sino también las piedras vivas». Añadió que también se ha querido dar importancia a la comunicación «para que sea conocido por los de dentro y los de fuera», y subrayó que «evidentemente no podía faltar […] el pilar de la solidaridad», concretado en «un proyecto de acción solidario con una diócesis amiga, con una diócesis querida que es la Diócesis de Cienfuegos, que está situada en Cuba».

En el contexto del tiempo de Navidad en el que nos encontramos, el obispo se detuvo en el mensaje central del Evangelio proclamado: «El Verbo de Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. Esta frase es lo que ha cambiado la historia humana». Recordó que la Navidad es tiempo de alegría y encuentro familiar, advirtiendo que «no nos perdamos el origen de estas fiestas, que es la presencia de Dios en la historia, un Dios que es la luz que nos ilumina nuestras tinieblas».

Reconoció las dificultades y sufrimientos que atraviesan muchas personas, pero proclamó con esperanza que «en medio de estas tinieblas viene una luz con mayúscula, que es el Hijo de Dios hecho hombre». Y añadió que «si aceptamos esa luz, nos da el poder para hacernos hijos de Dios, de que Dios esté presente en nosotros mismos».

El obispo subrayó el valor del templo parroquial como lugar de encuentro con Dios: «Este templo parroquial es un lugar privilegiado de la presencia de Dios, sobre todo en la eucaristía». Y animó a los fieles a acudir con confianza al Señor: «¡Qué buen vecino es el Señor presente en este trocito de pan! […]. No os olvidéis de venir a verlo y presentarle vuestros problemas, vuestras familias, lo que lleváis en el corazón».

Finalmente, citando a san Juan XXIII, recordó que «la parroquia es la fuente de la aldea, a la que todos pueden ir a sacar agua», subrayando su carácter abierto y acogedor: «En la parroquia cabemos todos, santos y pecadores. No es para los selectos ni para los puritanos». Concluyó animando a vivir y transmitir la fe desde la experiencia personal: «Os ofrecemos con sencillez, humildad, sin imponer nada a nadie, pero convencidos de que Cristo […] da sentido a mi vida y cambia el horizonte de mi vida». 

Por su parte, el párroco, Javier Quevedo, agradeció la participación en la celebración del obispo, de los sacerdotes y de todos los fieles, a los que invita a implicarse en las celebraciones preparadas por la comisión que organiza los actos.  Destaca, tal y como hizo el obispo, el compromiso social del centenario: «La acción social […] la vamos a hacer con la diócesis de Cienfuegos, en Cuba», concretándose en la recogida de «material sanitario, medicinas […] y también dinero para hacer un comedor durante un año allí en la diócesis». Todo ello con el deseo de que sea «un año de celebración, de relación festiva desde la fe, desde la esperanza y sobre todo de ese amor compartido y especialmente compartido con los más pobres».

Por último, Javier Quevedo agradece a la parroquia que todos los actos celebrativos que se han preparado están pensados para mirar al futuro, caminando en comunidad, como se ha hecho en los 800 años de historia parroquial, y con «la compañía de nuestra patrona, la Virgen del Rosario».