La Diócesis de Ciudad Real recibe la Medalla de la Provincia

La Diócesis de Ciudad Real recibió el pasado 26 de junio la Medalla de la Provincia, una distinción concedida por la Diputación Provincial con motivo del Día de la Provincia 2026, celebrado en Miguelturra. El reconocimiento coincide con el 150 aniversario de la creación del Obispado Priorato de las Órdenes Militares, antecedente de la actual diócesis.

Recogió la medalla el vicario general, Jesús Córdoba Ortega, y el vicario de Pastoral, Óscar Miguel Casas Arévalo, en nombre de toda la comunidad diocesana. Al comenzar sus palabras de agradecimiento, Córdoba trasladó el saludo del obispo de Ciudad Real, don Abilio Martínez Varea, que no pudo asistir al acto al encontrarse acompañando a la peregrinación diocesana a Lourdes.

En su discurso, el vicario dijo que «en esta medalla están presentes muchísimas personas: hermandades, parroquias, instituciones, órdenes religiosas, movimientos, catequistas, delegaciones, jóvenes, niños». Por esto, agradeció «de corazón» a la Diputación Provincial el reconocimiento concedido a la Diócesis de Ciudad Real.

Jesús Córdoba enmarcó la distinción en la celebración del 150 aniversario de la creación del Obispado Priorato y subrayó que la medalla es también «un gran signo del respeto y valoración mutua entre instituciones que son diferentes, pero que trabajan todas juntas por el pueblo, por el bien común, por esta provincia, por construir provincia». En este sentido, destacó la relación de colaboración entre la Diputación Provincial y el Obispado de Ciudad Real, una colaboración que puede extenderse también, dijo, a los ayuntamientos y las parroquias.

El vicario general recordó que esta cooperación se desarrolla dentro del marco constitucional y de lo que la propia Iglesia pide: la independencia respecto de los poderes públicos, pero también la colaboración mutua en favor del bien común. Entre esos ámbitos comunes citó «la defensa y la protección de la vida, de los más pobres y también la conservación del patrimonio religioso».
 

La medalla es para la Diócesis «un estímulo a seguir aportando a la sociedad el tesoro más grande que llevamos, a veces en vasijas de barro, que es el Evangelio»


Córdoba afirmó también que la medalla es para la Diócesis «un estímulo a seguir aportando a la sociedad el tesoro más grande que llevamos, a veces en vasijas de barro, que es el Evangelio». En este punto, expresó la presencia cercana de la Iglesia en todos los pueblos de la provincia: «No hay un cura para cada pueblo, pero cada pueblo tiene su cura», señaló. Desde las poblaciones más pequeñas, como Valdemanco de Esteras, Guadalmez, San Benito, Navas de Estena o Alameda de Cervera, hasta las más grandes, como Ciudad Real, Puertollano, Tomelloso o Alcázar de San Juan, la Diócesis quiere seguir siendo, dijo, «presencia de la Iglesia y del Señor en medio de nuestro mundo».

La celebración tuvo lugar durante el acto institucional del Día de la Provincia, en el Centro de Exposiciones y Representaciones Escénicas de Miguelturra. La gala reunió a representantes institucionales, sociales, económicos y culturales de la provincia, en una jornada dedicada a reconocer a personas, entidades e instituciones que contribuyen al bien común y al desarrollo del territorio.

En su intervención, Jesús Córdoba ofreció además una lectura creyente de la tierra ciudadrealeña, relacionando sus paisajes y frutos con los signos de la fe cristiana. Recordó la riqueza del agua que motivó las primeras poblaciones en la Motilla del Azuer, que remite al Bautismo; la vid y el trigo de La Mancha, con los que se elaboran el pan y el vino de la Eucaristía; el olivo de los campos de Montiel, del que procede el aceite con el que la Iglesia unge a bautizados, confirmados, sacerdotes y enfermos; y la tierra de campo y pastores del Valle de Alcudia, que ayuda a comprender la imagen bíblica del Buen Pastor.

También evocó las Lagunas de Ruidera y las Tablas de Daimiel como lugares que pueden hacer pensar en el lago de Galilea, donde Jesús llamó a sus primeros discípulos, que eran pescadores. «Hoy nosotros somos discípulos aquí en Ciudad Real, y queremos seguir siendo su presencia, cada uno desde su carisma», concluyó.

La Diócesis de Ciudad Real vive este año una conmemoración especialmente significativa. El 18 de noviembre de 1875, el papa Pío IX publicó la bula Ad Apostolicam, por la que se creaba el Obispado Priorato de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Meses después, el 4 de junio de 1876, la bula fue promulgada solemnemente en la iglesia de Santa María del Prado de Ciudad Real. Aquel origen histórico, dentro del territorio provincial, remite a la estrecha vinculación de la Iglesia con la vida de la provincia, una presencia que se ha mantenido hasta hoy a través de parroquias, comunidades religiosas, colegios, hermandades, movimientos, instituciones caritativas y numerosas iniciativas sociales.

En el mismo acto también fue distinguido el Centro Siloé de Cáritas Diocesana de Ciudad Real, que recibió el Premio Quijote al Mérito Socioasistencial. Este reconocimiento pone de relieve el trabajo de Cáritas con personas con problemas de adicciones, especialmente con quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad personal, familiar y social.

El Centro Siloé desarrolla una labor de acogida, acompañamiento y recuperación que forma parte de la acción caritativa de la Iglesia en Ciudad Real. Su trabajo, muchas veces silencioso, ofrece a cada persona una oportunidad para reconstruir su vida, recuperar la dignidad y volver a integrarse en la sociedad. La distinción al centro supone también un reconocimiento al equipo humano de Cáritas Diocesana y a todas las personas que sostienen esta tarea desde la cercanía, la escucha y el acompañamiento.

Junto a la Diócesis de Ciudad Real, recibieron la Medalla de la Provincia el Servicio Contra Incendios y Salvamento, con motivo de su 40 aniversario, y la Fundación Tutelar de Castilla-La Mancha, Futucam, por sus tres décadas de trabajo en favor de las personas con discapacidad intelectual. La celebración incluyó además la entrega de los Premios Quijote de la Provincia a distintas entidades y proyectos destacados por su aportación social, educativa, económica, cultural y deportiva.

La Medalla de la Provincia se suma a los actos con los que la Diócesis de Ciudad Real está celebrando el 150 aniversario de su origen como Obispado Priorato, una efeméride que invita a mirar con gratitud la historia y a renovar el compromiso evangelizador y de servicio en todos los pueblos de la provincia.