El 11 de febrero celebramos la Jornada Mundial del Enfermo

Francisco Guerrero, delegado de Pastoral de la Salud, reflexiona en este artículo sobre la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11 de febrero con el tema elegido por el papa León XIV: «La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro». 

El papa León XIV ha elegido el tema para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el 11 de febrero de 2026: «La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro». 

El tema subraya este aspecto del amor al prójimo: el amor necesita gestos concretos de cercanía, con los que se asume el sufrimiento ajeno, sobre todo el de aquellas personas que viven en situación de enfermedad. 

La Jornada Mundial del Enfermo busca ser un momento privilegiado de oración, de cercanía y de reflexión para toda la comunidad eclesial y para la sociedad civil, llamada a reconocer el rostro de Cristo en los hermanos y hermanas marcados por la enfermedad. Al igual que el buen samaritano, que se detiene y se inclina ante el herido en el camino, la comunidad cristiana se detiene ante quien sufre, y a da testimonio evangélico de cercanía y servicio hacia los enfermos y los más vulnerables. La Iglesia es la posada a donde el Buen Samaritano lleva al hombre herido. De ahí el lema elegido: «Lo llevó a una posada y lo cuidó» (Lc 10, 34). Cuidar a los enfermos y sus cuidadores, lejos de suponer un problema, es una oportunidad evangelizadora de primer orden. Los enfermos son, con palabras de Benedicto XVI, «un signo eficaz e instrumento de evangelización para las personas que os atienden y para vuestras familias (…) sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al mundo». ( Discurso de Benedicto XVI al Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, Roma 17 de noviembre de 2012). 

Es obligado agradecer el trabajo realizado en nuestra diócesis en favor de los enfermos. A cinco años vista de la pandemia, pienso en los capellanes de los hospitales en aquellos primeros meses críticos de dolor y desconcierto; y en la labor que continúan realizando en estos centros. Pienso en los equipos parroquiales de pastoral de la salud, y en los sacerdotes y ministros extraordinarios que les acercan la comunión a sus hogares. Pienso en los profesionales cristianos que hacen presente al Señor en el servicio que realizan. En los grupos de la Hospitalidad de Lourdes. En los de la Legión de María. En los «Equipos Resurrección» de la pastoral del duelo. En el Centro de Escucha «San Camilo», de Miguelturra. En las Residencias de mayores. En las religiosas y en los sacerdotes jubilados que celebran la eucaristía en ellas. Todos, de diversas maneras hacen verdadero el mandato que el Señor hace a su Iglesia para curar y salvar en su nombre. Por todos ellos y ellas: «El trabajo, Señor, de cada día nos sea por tu amor santificado».
 

Por Francisco Guerrero González