Más de 270 participantes en el encuentro de hermandades

Durante la jornada de ayer, el Seminario Diocesano acogió el Encuentro Diocesano de Hermandades y Cofradías, que reunió a más de 270 personas procedentes de hermandades de toda la diócesis, una elevada participación a la que se refirió el delegado diocesano de Hermandades, Jaime Quiralte Tejero, agradeciendo el interés de los equipos de las hermandades para participar en la actividad.

El encuentro comenzó con un momento de oración. A continuación, Jaime Quiralte ofreció una primera intervención formativa centrada en la identidad y misión de las hermandades y cofradías en el contexto actual de la Iglesia y de la sociedad.

El delegado explicó que uno de los objetivos fundamentales de la jornada era ayudar a las hermandades a situarse en el momento presente: «Empezamos en un momento de oración y un mínimo de formación para explicar, en el contexto actual de la sociedad, en este contexto de secularización, cuál es la identidad de las hermandades y cuál puede ser su acción evangelizadora». En este sentido, destacó el papel que las hermandades y cofradías están llamadas a desempeñar como presencia pública de la fe y como cauce de evangelización en medio del mundo.

Basándose en dos comunicaciones del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular de Sevilla de 2024, destacó cómo, en nuestro contexto social, las hermandades y cofradías han de trabajar su identificación con Cristo y la Iglesia. Desde esta idea ofreció algunos retos de misión en relación con la esperanza del resucitado para el mundo del dolor; de la transmisión testimonial de la fe, y la presencia pública de la fe en la calle, recuperando los signos más auténticos que superen el valor patrimonial y cultural.

La última parte de la mañana estuvo dedicada a cuestiones prácticas relacionadas con la vida y el funcionamiento de las hermandades y cofradías. En esta sesión intervinieron el vicario general de la diócesis, Jesús Córdoba Ortega, y Miguel Ángel Moñino Velasco, promotor de Justicia, quienes abordaron aspectos canónicos y administrativos, así como la relación de las hermandades con el Obispado.

Tras la comida, los participantes mantuvieron durante una hora un encuentro con el obispo, don Abilio Martínez Varea, concebido como un espacio de diálogo. El obispo quiso conocer de primera mano la realidad de las hermandades y cofradías de la diócesis, escuchar sus preocupaciones y responder a las preguntas planteadas por los asistentes.

La fe cristiana «tiene una resonancia social»

El encuentro concluyó con la celebración de la misa, presidida por el obispo. En la homilía, don Abilio se dirigió a los participantes en el encuentro alertando del riesgo de vivir una fe encerrada en lo privado: «Hoy hay peligro o tendencia a querer vivir una fe intimista, reducida a las paredes del templo». Frente a ello, recordó que la fe cristiana «tiene una resonancia social», visible tanto en la presencia pública de las hermandades como en el compromiso con los más necesitados.

Apoyándose en la lectura del profeta Isaías que se proclamó, el obispo insistió en que la fe no puede quedarse solo en lo interior, sino que debe traducirse en obras concretas de caridad y justicia: «Parte el pan con el hambriento, acoge al huésped y dale vestido a aquel que está desnudo». Al mismo tiempo, aclaró que no se trata de contraponer la vida litúrgica y la religiosidad popular con la acción social: «No dice el profeta Isaías que no sirva para nada estar en la Iglesia rezando, celebrando los sacramentos o saliendo en procesión». Lo que se pide, subrayó, es «una auténtica coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos».

El obispo recordó que muchas hermandades y cofradías «nacieron principalmente para ser caritativas», para ayudarse entre los hermanos y atender a quienes carecían de lo necesario, e invitó a actualizar hoy esa dimensión social. En este sentido, recordó a los miembros de hermandades y cofradías la llamada evangélica «a ser sal de la tierra y luz del mundo», tanto en la familia como en la parroquia y en la vida profesional y social.

En el contexto de la Jornada de Manos Unidas —que se celebraba ayer—, el obispo subrayó la importancia del compromiso solidario con los pueblos más empobrecidos y puso como ejemplo proyectos financiados por esta organización en países del sur, asegurando que «el dinero que destinamos a Manos Unidas realmente llega a la gente pobre y necesitada».

Finalmente, animó a que la experiencia vivida durante el Encuentro Diocesano —de oración, formación, convivencia y diálogo— dé fruto en la vida cotidiana: «Que esta eucaristía, llevados por la Palabra de Dios, nos empuje a que la fe que nosotros vivimos en el corazón sepamos llevarla a la vida y también a la gente que nos necesita».