Con motivo del cuarto domingo de Pascua, conocido como domingo del Buen Pastor, se celebra la jornada mundial de oración por las vocaciones y, desde hace unos años, la oración por las vocaciones nativas. La imagen del Buen Pastor es una de las más evocadoras para los cristianos, porque nos presenta la cercanía del Señor que nos busca, nos protege, nos cuida, nos acoge, nos guía… En el Antiguo Testamento, los salmos y los profetas ya se acogían al pastoreo de Dios; por su parte, Jesús hace suya esta imagen y se la aplica a sí mismo, y los primeros cristianos comenzaron pronto a representarlo así, como el Buen Pastor que carga con la oveja perdida para curarla y hacerla entrar en su redil.
Jesús es el Pastor que nos llama a seguirlo, que nos guía con seguridad y que camina con nosotros, que nos busca cuando nos perdemos y prepara sus prados para nuestro descanso. Nosotros vamos tras Él, aunque a veces es Él quien decide ir con nosotros, acompañarnos y confiar en nuestra iniciativa: «tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan». La llamada del Pastor es una buena descripción de la vida cristiana: Él avanza delante y nosotros le seguimos con confianza. Es la principal vocación del cristiano: la llamada a la fe que nos une a Jesús y nos hace ser como Él, hijos de Dios, que participan de la vida divina.
Pero el Buen Pastor, precisamente por su bondad inagotable, no solo nos hace el regalo de compartir su ser hijos de Dios. También nos regala algún rasgo de su propia forma de vivirlo; el Buen Pastor se hace fuente de bondad para sus discípulos. A unos les da parte especial en su valentía, a otros les hace vibrar más especialmente con su amor por los necesitados, a otros les comparte su disposición a la enseñanza, con otros comparte su misión pastoral de guiar a su Pueblo, etc. Dentro de la vocación cristiana, las diversas vocaciones son el regalo que el Buen Pastor nos hace permitiéndonos compartir alguno de sus rasgos para ponerlo al servicio de los demás.
Cuando oramos al Buen Pastor por las vocaciones, no solo nos disponemos a seguir con confianza su llamada y a ponernos bajo su cuidado. También pedimos valientemente acoger su bondad y su generosidad por las cuales nos hace ser, en algún aspecto determinado, semejantes a Él. Estas son las vocaciones cristianas, que encuentran en el Buen Pastor su fuente y su modelo. Oremos todos por todos, para que siguiendo al Buen Pastor seamos acogedores de su bondad y reflejo de la presencia de su cuidado pastoral.
Por Juan Serna Cruz
Oración
Jesús, Buen Pastor,
que conoces a cada uno por su nombre
y nos llamas con amor a seguirte.
Tú nos das parte en tu propio ser
para que mostremos de diversos modos tu bondad,
sigue suscitando en tu Iglesia
corazones generosos y disponibles,
capaces de escuchar tu voz
y de entregarse sin reservas a tu misión.
Fortalece a quienes ya han respondido a tu llamada
y acompaña a quienes sienten inquietud en su interior,
para que, confiando en ti, den un paso valiente.
Haz de nuestras comunidades de Ciudad Real
tierra fecunda donde nazcan y crezcan las vocaciones,
y enséñanos a orar unos por otros,
sosteniéndonos en la fe y en el amor.
Amén.