«Lo importante que es la comunión»

Las semanas en confinamiento han supuesto un cambio de costumbres para todos. Para una familia numerosa ha supuesto, además, nuevas normas, horarios, deberes acumulados de varios hijos. Hablamos con Maite y Leonardo, pasaron el confinamiento en su piso de Ciudad Real con sus cinco hijos, uno de ellos universitario y el resto en edad escolar.

Solo uno de vuestros hijos está en la Universidad y además vive con vosotros, en el mismo piso. Aparte del orden habitual que tenéis en la casa, ¿qué cambiasteis en aquellas semanas?

El primer cambio fue a causa del fallecimiento de nuestro cuñado porque nuestra hija María se tuvo que ir a su casa para cuidar a nuestros sobrinos.

A partir de ahí, los cambios fueron fundamentalmente en horarios, al pasar todo el día en casa, los pequeños necesitaban más atención y a los mayores tampoco se les podía agobiar. Así que establecimos solamente los horarios de estudio y comidas.

A nosotros, la convivencia no nos ha supuesto mucho problema, porque en nuestra vida cotidiana tenemos momentos de estar todos juntos realizando diversas actividades. Aunque sí es cierto que el confinamiento ha potenciado más el diálogo entre todos, pues las prisas de la vida habitual no estaban.

Con las clases suspendidas, se ha primado la enseñanza telemática. Tú, Maite, eres maestra, además. Si ha habido problemas en todas las casas, en una con cinco hijos no existen ni suficientes equipos informáticos para las clases. ¿Cómo habéis afrontado esto?

Nani (Leonardo) no ha dejado de trabajar, por lo yo me encargaba de las tareas del cole. Por las mañanas era fundamentalmente cuando se hacían las tareas con los dos pequeños, y a primera hora de la tarde, yo me dedicaba a dar las clases a mis alumnos, por lo que el ordenador que tenemos quedaba libre para los demás el resto de la tarde.

Hemos intentado que las videoconferencias con los profesores no coincidieran. Una ventaja ha sido que el mayor tiene, desde que está en la universidad, su propio ordenador, con lo que no nos ha interferido a la hora de hacer sus exámenes y sus videoconferencias, pero también cuando se ha necesitado su ordenador, los demás lo han utilizado. Es decir, se han ido compartiendo los distintos dispositivos que hay en casa.

¿Rezabais en casa? ¿Cómo era la misa? ¿Se intensificó la oración?

Sí que rezábamos todos los días, los más pequeños se encargaban de preparar la mesa con la cruz, el icono de la Sagrada Familia y una vela.

Y conectábamos con María, nuestra hija, a través del móvil, para que también estuviera presente en la oración, junto a nuestros sobrinos.

Era un momento de pedir perdón, dar las gracias y hacer un poco la revisión de vida entre todos.

En las comidas también han surgido muchos temas sobre la Iglesia, Jesús, etc., lo que nos ha llevado a tener debates muy interesantes, sobre todo con los mayores. A los más pequeños les hemos hablado de la muerte y de la resurrección.

En cuanto a la misa dominical, nos preparábamos todos para ella, la hemos seguido a través del Facebook de San Pedro, de nuestra parroquia. Ha sido una vivencia de la eucaristía distinta, en la que nos hemos dado cuenta lo importante que es la comunión. También hemos vivido de forma distinta la Semana Santa. Sí que es verdad que este confinamiento nos ha ayudado a rezar más y de otra forma.

Han sido nueve semanas confinados en un piso normal de una ciudad. ¿Os ha cambiado algo como familia en estas semanas?

Realmente no nos ha cambiado mucho, hemos intentado seguir nuestro ritmo. Pues en casa sí que pasamos mucho tiempo en familia, en nuestra vida cotidiana.

¿Qué es lo mejor que ha vivido en este tiempo?

Lo mejor ha sido parar el ritmo y poder estar mucho más tiempo en familia y en oración.