La vida, buena noticia

Hoy, 8 de abril, celebramos la Jornada por la Vida en conmemoración del acontecimiento de la encarnación, en la que la Virgen María, por obra del Espíritu Santo, concibió a Jesús, a nuestro salvador.

El lema que nuestros obispos han elegido para la Jornada es La vida, buena noticia. Y es así, la vida es siempre una buena noticia, así debemos celebrarla, acogerla y protegerla, en todas sus etapas y circunstancias, desde la concepción de una nueva vida hasta el momento de su muerte natural. La vida es un don de Dios, no es un derecho o un regalo, no es algo que podamos exigir o de lo que podamos disponer. Como don, la vida exige de nosotros una respuesta, una responsabilidad. Con los trasplantes de órganos podemos tener un buen ejemplo: no es un derecho, pues depende de que alguien lo done, tampoco es un regalo puesto que no se decide si aceptarlo o no, y al ser trasplantado el receptor adquiere el compromiso de cuidarse porque al igual que ha salvado su vida podría haber salvado la vida de otra persona.

La vida es así, es un don que nos compromete a su cuidado, acogiéndola siempre, y tampoco es un acto solo del individuo, es una acogida colectiva porque la vida es un bien común. Por eso es responsabilidad de todos ayudar a las familias y en especial a las madres a que puedan acoger este don de la vida con alegría, acompañándolas en cualquier necesidad, tanto económica como de cualquier otra índole.

Hoy se celebrará la misa por la vida, presidida por el obispo en el templo de San Pedro de Ciudad Real

Lo mismo sucede con aquellas personas que llegan al final de su vida, o que padecen una enfermedad terminal, todos en muchos momentos de nuestra vida dependemos de una u otra manera de los demás, y es en esos momentos donde mejor se manifiesta nuestra humanidad, en la entrega al otro, en el amor incondicional al otro.

Decía que la vida no es un derecho, y tampoco lo es la maternidad o la paternidad, porque la fecundidad en el matrimonio no se agota en la posibilidad de ser padres, sino que va mucho más allá. En este sentido es preocupante el recurso a las técnicas artificiales de reproducción, o la maternidad subrogada, que no dejan de ser una mercantilización de la misma vida.

Ahora, en Pascua, pongamos la mirada en la auténtica vida, en Cristo; una vida aceptada, recibida y entregada por todos nosotros, sin duda la mejor de las noticias.
 
Por Delegación Diocesana de Pastoral Familiar