Carta con motivo del XLV Consejo General de la
Juventud Obrera Cristiana
Mis queridos diocesanos:
Tengo la satisfacción
de comunicaros que los días 6, 7, 8 y 9 de diciembre se celebra en Ciudad Real, en
concreto en el edificio del Seminario, el XLV (45) Consejo General de la Juventud Obrera
Cristiana (JOC).
Es importante hacer notar que este Consejo
General de la JOC no se va a realizar aquí en Ciudad Real porque yo sea el obispo
responsable de la Pastoral Obrera, sino porque la Federación de la JOC de Ciudad Real con
sus militantes, consiliarios y jóvenes en iniciación se han ofrecido para ser
anfitriones de un acontecimiento que se celebra cada tres años en los distintos lugares
en los que el Movimiento de jóvenes trabajadores tiene presencia y la Coordinadora
Estatal de la JOC así lo ha decidido. Vaya por delante pues mi agradecimiento a la
generosidad y valentía de nuestros militantes que cargan con la responsabilidad de ser
los anfitriones de este acontecimiento importante para la vida de la Iglesia.
También mi agradecimiento al Rector, formadores
del Seminario y a los seminaristas que están facilitando todo lo necesario para que sean
acogidos los más de 300 participantes venidos de todos los rincones de nuestra
geografía.
Según dicen los materiales de preparación de
este acontecimiento, el Consejo General es el máximo órgano de decisión en la JOC y es
el espacio donde el conjunto del Movimiento toma pulso a una cuestión importante para
todos sus militantes, donde reflexionan y profundizan en las claves y en la tarea
de la JOC desde la experiencia y realidad del momento, con el fin de decidir las líneas
de trabajo para los próximos tres años.
Porque la JOC es un Movimiento especializado de
Acción Católica, lleva a sus gentes a entregarse a los demás en la medida en que el
momento concreto lo requiera, desde dentro de los dinamismos juveniles. Dicen ellos en su
página de Internet que la JOC (Juventud Obrera Cristiana) es un movimiento
organizado de los jóvenes y para los jóvenes, inquietos por la realidad que viven, la
cual produce inseguridad de cara al futuro, estudios que no garantizan la ocupación,
precariedad e injusticia en el trabajo, degradación de la persona y del ambiente,
exclusión social, violencia,... Ante esta situación, los jóvenes de JOC no quieren ser
simples espectadores pasivos de esta realidad, sino que quieren intervenir y transformar
la realidad que viven, de una manera organizada.
Llama la atención que estos jóvenes sepan
contar las "historias" de sus compañeros de estudios, de barrio o de trabajo
leídas con las claves del Reino, que Dios nuestro Padre nos ha regalado en Jesucristo.
Permitidme de nuevo que cite sus escritos:
"La JOC se reconoce como movimiento cristiano, al ofrecer a Jesucristo como razón y
sentido de su origen histórico y de su tarea transformadora en medio de la clase obrera.
El mismo sentido que Jesús dio a su vida y a su muerte, es el que la JOC quiere que
descubran y vivan los jóvenes en medio de su vida y compromiso en el mundo obrero".
El Movimiento debe anunciar claramente a Jesucristo, y posibilitar que todos los
militantes puedan conocerle, encontrarse con El, celebrar y compartir la fe.
Esta pequeña presentación de la JOC quedaría
muy corta si no habláramos de su vida, de sus Campañas y de su Método. Constituidos en
pequeños grupos no viven aislados sino buscando dar la respuesta que necesita el mundo
del trabajo desde los años jóvenes, especialmente duros, en la gente de la
clase obrera y ofreciendo procesos que ayuden al joven a educarse en el estilo de vida de
Jesús. Los equipos de militantes se unen, pues, en el Movimiento especialmente
desde el estilo propio de formación, oración y acción. El dinamismo en la vida de fe
del joven y de la joven obrera cristiana le viene especialmente del método de Revisión
de Vida Obrera más conocido como Ver, Juzgar y Actuar. La Vida del Movimiento más
visible se organiza a través de las Campañas que tratan de dar respuesta a los problemas
y necesidades concretas que previamente detectadas les llevan a compromisos concretos para
tratar de transformar esas condiciones de vida de la gente trabajadora.
El párroco belga que inició lo que hoy es la
gran realidad de la CIJOC internacional, Joseph Cardijn, más tarde Cardenal de la Iglesia
con Pablo VI, se fijó en los jóvenes obreros del barrio y en su dignidad tantas veces
despreciada y manipulada. Desde la famosa frase: "un trabajador vale más que todo el
oro del mundo", supo acompañar uno a uno los primeros jóvenes que fueron formando
equipos pequeños insertos en la Parroquia y en el barrio.
El 45 Consejo General, celebrado
providencialmente en nuestro Seminario de Ciudad Real debe hacernos sentir la llamada de
Dios a... «que nuestra Iglesia viva con gozo el amor que Dios le tiene para transmitirlo
con audacia y testificarlo con seriedad y esperanza a todos los hombres de nuestra
tierra», según dice el Objetivo General de nuestro Plan Diocesano de Pastoral,
incluidos, en primer lugar, los ambientes obreros y marginales (que tantas veces van
unidos), que encierran las bolsas de población: una juventud y unas familias empobrecidas
por las circunstancias confluyentes del fracaso escolar -reproducción de las clases
sociales a través del sistema educativo-, y el amplio panorama de bajo nivel adquisitivo
que encierra a la familia en un sin fin de dificultades como son la vivienda, el paro, la
droga, el alcohol...)
La JOC es esa parte de la Iglesia que se hace
cargo de la realidad de unos jóvenes especialmente castigados por el sistema social
basado en la rueda de la producción y el consumo, que se constituye en la matriz
cultural que engendra las distintas tipologías sociales de las que los jóvenes son
especialmente víctimas necesarias.
Este acontecimiento del 45 Consejo como veis es
de talla juvenil, sí, pero grande. Expresa el grado de madurez que el Movimiento de la
JOC nos ofrece a la Iglesia en España y que puede ayudarnos a alimentar la sensibilidad
de la comunidad cristiana que llega a descubrir lo que falta en nuestra sociedad para que
el Reino de Dios se haga presente. La Evangelización ha de incluir necesariamente la
transformación de las estructuras injustas o de pecado como nos dijo Juan Pablo II: «El
principal obstáculo que la verdadera liberación debe vencer es el pecado y las
estructuras que llevan al mismo, a medida que se multiplican y se extienden. La libertad
con la cual Cristo nos ha liberado (Cf. Gal 5, I) nos mueve a convertirnos en siervos de
todos. De esta manera el proceso del desarrollo y de la liberación se concreta en el
ejercicio de la solidaridad, es decir, del amor y servicio al prójimo, particularmente a
los más pobres. "Porque donde faltan la verdad y el amor, el proceso de liberación
lleva a la muerte de una libertad que habría perdido todo apoyo» (SRS 46).
El dinamismo que imprime al Movimiento de la
JOC su método de Revisión de Vida Obrera no le impide, al contrario, le lleva a que
sus miembros reciban una formación sistemática de la fe y de la moral de la
Iglesia, con esa especial atención que exige la formación en la Doctrina Social
de la Iglesia, con el fin de que sus militantes estén bien dotados en el quehacer
apostólico que por vocación tienen.
En nuestro Plan Diocesano de Pastoral nos hemos
fijado especialmente en este tema. En el objetivo específico quinto decimos: «La caridad
de Cristo nos apremia (2 Co. 5,14) a responder a las necesidades de los pobres y a
colaborar para que el Reino de Dios sea acogido y crezca entre los hombres», y en el
Programa anual que quiere aplicar el Plan nos proponemos celebrar en todas las parroquias
o arciprestazgos la Semana Social en torno a la fecha del 8 de Marzo, día de la Mujer
Trabajadora. En la consulta previa a la redacción del PDP fue un clamor la necesidad de
formarnos más profundamente en la Doctrina Social de la Iglesia para llevar a los
empobrecidos el Evangelio con la garantía de la fe eclesial.
Nuestras Parroquias con sus diferentes grupos
apostólicos: Catequesis, Liturgia, Caritas, Asociaciones, Hermandades y Cofradías están
mayoritariamente compuestas por personas y familias de trabajadores, y, por tanto,
debería ser un hecho muy natural que los jóvenes obreros y las familias de trabajadores
se sintieran siempre muy acogidas en sus necesidades. Gracias a Dios esto es así cuando
se trata de ayuda económica y de cercanía, pero nos falta adquirir la
"sabiduría" de quien mira con los ojos del Señor: «Y al ver a la muchedumbre,
sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen
pastor. Entonces dice a sus discípulos: "La mies es mucha y los obreros pocos.
Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies".» (Mt 9, 36-38)
Ahora bien, el "obrero" de la mies debe
ser un experto para saber discernir el trigo de la cizaña, lo bueno y lo malo que hay en
nuestra sociedad del bienestar. Experto para saborear en su intimidad la maravilla del
Reino de Dios y desde la oración, saber comunicar, recibir y educarse en el equipo, en la
vida comunitaria y eclesial, con la corrección fraterna y de modos y maneras de ser y de
vivir que le posibilite ajustarse a Jesucristo como medida última, transformando ya la
propia realidad en el SER que el Padre nos concede con la fuerza de su Espíritu.
Es, por esto, que la JOC reflexiona en
este acontecimiento del 45 Consejo General una temática muy concreta: «Vivir nuestra
raíz para dar fruto y transformar». El Movimiento, después del trabajo realizado en
estos dos últimos años, ve necesaria esta reflexión y se propone:
1. Por un lado, mirar hacia dentro, releer su
identidad, buscar en sus raíces lo que le da sentido y le hace ser verdadero fermento
entre los jóvenes de la clase obrera de hoy.
2. Por otro lado, debe mirar hacia fuera,
observar la realidad, descubrir que las personas, en concreto los jóvenes, son hoy
objetos en una sociedad que los oprime, en lugar de sujetos protagonistas y responsables
de ella.
Como ellos mismos afirman, «este 45 Consejo
General quiere ser un espacio donde podamos encontrarnos y reconocernos en las claves de
la JOC, recuperando lo que nos define, redescubriendo la vigencia hoy de las tres verdades
de Cardijn, y que esto nos lance a la misión, a transformar la realidad teniendo en el
horizonte el proyecto de persona, sociedad e Iglesia de la JOC.»
La acogida que la Diócesis de Ciudad Real hace a
la JOC en su Seminario no se puede quedar en la cortés, educada y evangélica acogida al
forastero. Porque la JOC no es forastera en nuestra Iglesia Diocesana como lo pone de
manifiesto su presencia y el trabajo que realizan, debemos todos estar dispuestos a
facilitar dicha extensión en nuestras parroquias y barrios para lograr un trabajo
apostólico y educador con los jóvenes. Repetidamente se nos ofrecen a aumentar
los grupos de iniciación y los campamentos de verano.
Las instalaciones de los Baños del Robledillo
con sus distintas tandas están abiertas a todos por la extremada dedicación y entrega de
la JOC. La calidad humana y cristiana de la veintena de militantes soportando más de
cinco grupos de iniciación (tres en Ciudad Real, dos en Piedrabuena, otros dos en
Miguelturra y en Puertollano) y la colaboración con la Coordinadora Estatal de uno de
nuestros militantes nos hablan de vida y entrega apostólica. Y si por los frutos los
conoceréis, la Iglesia de Ciudad Real da gracias a Dios por el trabajo hecho con
transeúntes, enfermos de droga, barrios marginales y tantas cosas que, tanto los de antes
como los de ahora, han aportado y aportan a la vida diocesana.
Me habéis oído decir en más de una ocasión
que Dios da el conocimiento y el trato con los pobres a los que se los saben cuidar, y
buena prueba de ello, es la gozosa realidad de la JOC en nuestra Diócesis.
Alguno pensará que me estoy pasando en
alabanzas, pero no. Como toda realidad eclesial, también la JOC debe crecer en un
mayor conocimiento personal y grupal con Jesús; ha de dejarse empapar por el amor que
Dios tiene a los pobres si quiere continuar siendo instrumento que dignifique al joven que
trabaja o está en paro y que, por ello, no puede acceder al sistema productivo; debe
ahondar en la pertenencia eclesial puesto que en la Iglesia nace y encuentra los cuidados
que necesita; y debe, en fin, estar dispuesta a corregir sus errores y debilidades.
Ciertamente la JOC en nuestra diócesis es para
muchos una realidad desconocida e ignorada. Confío en que la celebración de este
acontecimiento contribuya a despertar entre nosotros el interés por una mejor acogida y
un mayor conocimiento de este Movimiento eclesial.
La ocasión de la Celebración del 45 Consejo
General, repito, es una llamada de nuestro Padre Dios que en Jesucristo ha hecho posible y
visible la vida de su Iglesia. Nos alegramos de este acontecimiento, y agradecemos que
vengan de toda España a compartir de alguna manera con nosotros su realidad, experiencia
y buen hacer, en una sociedad tantas veces ciega y sorda al clamor de los más pobres y
marginados.
A la vez que os ofrecemos nuestra acogida y
nuestras personas a todos los miembros de la JOC que vais a participar, queremos expresar,
desde la oración y la esperanza, nuestro mejor compromiso para que en toda la Diócesis
de Ciudad Real crezca la inquietud por la evangelización del mundo del trabajo en
palabras y acciones. Que a todos los trabajadores, propios y emigrantes, que nunca
extraños, llegue el Mensaje del Señor y su Persona. La liberación evangélica que la
Iglesia está llamada a realizar se hace con personas, y por eso tienen que surgir en
nuestras comunidades parroquiales Equipos de Pastoral Obrera que puedan asegurar el
crecimiento y la extensión de los Movimientos Apostólicos Obreros: JOC, HOAC y
Hermandades del Trabajo.
Desde estas páginas expresamos nuestra oración
por los trabajos del 45 Consejo General de la JOC. Rezamos para que Santa María, la Madre
de los pobres, los humildes y sencillos, presente al Padre, por Jesucristo, nuestros
deseos e ilusiones para que, con la fuerza del Espíritu Santo, llegue a los pobres la
Buena Noticia de su liberación a través de esta Iglesia que peregrina en este mundo
ciertamente duro y hostil para los más jóvenes. Que las raíces de la JOC revitalicen
nuestra Iglesia y con toda Ella demos frutos que transformen el Mundo del Trabajo.
Os bendice vuestro obispo + Antonio.
Monseñor Antonio Algora
Hernando
Obispo Prior de la Diócesis de
Ciudad Real
Responsable del Departamento de
Pastoral Obrera CEE