Omitir vínculos de navegación
ObispoExpandir Obispo
La CartaExpandir La Carta
Historia de diócesis
Vida Consagrada
Comentario Evg.Expandir Comentario Evg.
EconomíaExpandir Economía
Santo SemanalExpandir Santo Semanal
Noticias
Documentos
Articulos
ArciprestazgosExpandir Arciprestazgos
SecretariadosExpandir Secretariados
DelegacionesExpandir Delegaciones
Organismos
Ig Rito BizantinoExpandir Ig Rito Bizantino
Fueron De Interés...

Día del Seminario
19 / 21 de Marzo

Visita estas web

 

Enlaces de Interés

 
Área Privada
Comentarios
« Atrás
RECONCILIACIÓN Y PENITENCIA

Domingo IV de Cuaresma
14 de Marzo de 2.010

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publícanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola:
Un hombre tenía dos hijos; el menos de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco Ilamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco Ilamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados :"Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y Ilamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud. Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y el replicó a su padre: Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mi nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.
El padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.
Lucas 15,1-3. 11-32

Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica "Reconciliación y Penitencia":

Dejar de ser pueblo esclavo en Egipto y empezar a ser pueblo libre en la tierra prometida de Canaán (Lectura 1ª) ; pasar a ser en Cristo una criatura nueva, porque lo antiguo ha pasado y lo nuevo ha comenzado (2ª) ; abandonar la porqueriza y las bellotas de cerdos para ser acogido en la casa y en el banquete de un padre solariego y paternal (3ª) … son tres momentos de gracia divina , distintos e iguales, tres motivos más que suficientes y sobrados como para “echar la casa por la ventana” y celebrar una fiesta más que mayor de alegría y gratitud desbordantes

Se trata de acontecimientos que la misericordia omnipotente de Dios en favor del hombre realiza, realizó y seguirá realizando hasta que lleguemos todos al Padre Común, a esa Casa Patria de innumerables estancias. Donde la humanidad entera reconciliada celebraremos en Cielos Nuevos y Tierra Nueva la Pascua Eterna de nuestra filiación total, de nuestra fraternidad suma, de nuestra máxima espiritualización; Donde celebraremos compartidamente y para siempre la Fiesta de las fiestas, en un eterno “domingo de Laetare”, con un Padre acogedor, un Hermano Mayor festivo y un Espíritu de Comunión familiar. Tras haber dejado a atrás definitivamente el dolor, el pecado y la muerte, y viendo a la creación entera haber dado a luz total con sus dolores de parto superados, gratificados y trascendidos en perfecta sintonía con las llagas glorificadas de Cristo crucificado y glorioso.

Ser trata de celebrar el gozo inmedible de ver pescados del Mar monstruoso y maligno para entonces inexistente , a tantos y tantos hijos pródigos de toda raza, religión y lengua , arribados ahora en el universal Puerto salvador de Dios. Hombres de toda condición en otro tiempo hechizados por la tentación de separarse del Padre para vivir indepedientemente la propia existencia; desilusionados por el vacío que como espejismo los había fascinado; solos; explotados mientras buscaban construirse un mundo todo para sí; atormentados incluso desde el fondo de la propia miseria por el deseo no satisfecho de volver a la comunión con el Padre; con un Padre padrazo incendiado en una misericordiosa y provocadora espera del regreso de sus hijos al Hogar tierno y caliente de su entrañable entraña maternal, con sus brazos hambrientos de abrazarlos indisolublemente , con una mesa aderezada con primor exquisito donde festejar el Banquete nupcial de las Bodas del Cordero con la humanidad graciosa reconcialiada.

El hombre, todo hombre, es este hijo pródigo: hechizado por la tentación de separarse del Padre para vivir independientemente la propia existencia; caído en la tentación; desilusionado por el vacío que, como espejismo, lo había fascinado; solo, deshonrado, explotado mientras buscaba construirse un mundo todo para sí; atormentado incluso desde el fondo de la propia miseria por el deseo de volver a la comunión con el Padre. Como el padre de la parábola, Dios anhela el regreso del hijo, lo abraza a su llegada y adereza la mesa para el banquete del nuevo encuentro, con el que se festeja la reconciliación. 

                           Juan Sánchez Trujillo

HUÉRFANO DE HERMANO Y PADRE
DOMINGO IV DE CUARESMA. 
18 de marzo de 2.007


En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publícanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola:
"Un hombre tenía dos hijos; el menos de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco Ilamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco Ilamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido , y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y Ilamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y el replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mi nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.
El padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."
Lucas, 15,20-32

Es orfandad lo que está sufriendo, en gran parte, el hombre moderno. La cultura de la increencia, de la que es víctima y actor, está haciendo huérfanos a cada vez más hombres. Cada vez son más numerosas las personas sin Dios, las personas sin Padre reconocido, arrastrando como pródigos una humanidad deficitaria y vacía. Fascinada por su mayoría de edad, parte de nuestra civilización ha llegado a concebir a Dios como algo innecesario y perjudicial. Ha llegado a pensar que en la Casa del Padre no es posible ser libre y feliz. Y por esto, a espaldas y pasando de Dios, ha querido montarse no sin razón y derecho su felicidad y sentido propios. Arrancados de la tierra paterna y vital, muchos árboles de hoy se marcharon con las raíces cortadas a vegetar sin Dios; y, aunque dieron algunos frutos por el remanente de savia, pronto de sus ramas emergieron, en vez de frutos fraternos, bombas y misiles fratricidas...

Y es que sin Padre no es posible los hermanos. Sufriendo orfandad divina, difícilmente se construye una fraternidad intensa y extensa. Y lo errado de nuestros proyectos sociales es querer tener hermanos sin Padre común, tras haber roto con la Trascendencia. Es pretender relaciones horizontales, sin dar cabida a la irrupción vertical o la emergencia íntima de la mejor fuerza fraternizadora y cohesiva, cual es la presencia del Padre familiar.

Cierto que la conducta del hermano “fiel”, descrita como la del pródigo en la parábola, de ningún modo puede devolver al hermano perdido la imagen del Padre familiarizante y fraternizador. Más bien su complejo de superioridad, su falta de sintonía con el Padre acogedor y el hermano acogido, su autocrítica farisaica de hijo bueno y fiel, serían el principal handicap, el mayor obstáculo para la vuelta del hermano fugado. Algo parecido a aquella iglesia que se autoapreciara de fiel a Cristo y que, por sus reticencias en coger al mundo increyente, se replegara en su torre sacrosanta, sin dialogar ni dejarse penetrar por los valores positivos existentes, sin duda, en la cultura de la increencia.

Y es que la negación del hermano dispar conlleva la negación de Dios; y la negación de Dios, la negación del hermano. El dispendio y derroche, efectivamente, que el gentil o el judío, el pródigo o el fiel, el incrédulo o el creyente… pueden hacer del potencial afectivo en todos subyacente, son la máxima negación de las huellas divinas que configuran a todo hombre, convertido por ello en hermano universal. Por eso mismo, el Padre se siente igualmente contrariado y desdecido por el que niega a Dios y por el que reniega del hermano. Porque nunca Dios es más Padre y feliz, que cuando los hermanos dispares confraternizan y juntos hacen fiesta. 

                             Juan Sánchez Trujillo


SOMOS HIJOS Y HERMANOS
(DOMINGO IV de Cuaresma. Ciclo C)
21 marzo 2004 

"Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. Juntando todo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna. Vino un hambre terrible. Recapacitando entonces se dijo: Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo... El padre se le echó al cuello y se puso a besarlo." (Lc 15)

1. ¿Parábola del Hijo Pródigo o Parábola del Padre Amoroso? ¿Se fija Jesús, sobre todo, en el pecado perdonado del hijo o en el padre perdonador del pecado? ¿Y, al final, no es l mismo visto desde uno o desde otro ángulo? Efectivamente. La enseñanza de fondo es el amor que Dios nos tiene. Un amor que no se detiene ante nada: a pesar de nuestro pecado (diríamos que precisamente por nuestro pecado); a pesar de nuestra reincidencia (es la prueba de la fidelidad de Dios). Dios nos ama. Dios nos ama como un Padre. Y, por eso, Dios nos perdona... siempre. 

2. Todos somos hijos pródigos. Los que nos vamos de la casa paterna y los que nos quedamos en ella. Los primeros, porque rechazamos al Padre. Y, con ello, inevitablemente rechazamos al hermano. Los segundos, porque rechazamos al hermano. Y, con ello, inevitablemente rechazamos al Padre. Y en esto consiste la naturaleza del pecado y su gravedad. Alguien ha definido a la nuestra como la cultura de la increencia. Es decir, la cultura que está convencida de que Dios es algo innecesario y hasta perjudicial. La cultura que afirma que, en la casa del Padre, no se puede ser libre ni feliz. La cultura que está, por eso, engendrando hijos huérfanos de Padre, y, por consiguiente, carentes de hermanos. 

3. ¿Cómo y dónde se concreta nuestra conducta de hijos pródigos? Cuando establecemos distancias para con los demás, cuando sembramos discordia y enemistad, cuando engendramos tensiones y malentendidos, cuando derrochamos innecesariamente, cuando nos negamos al diálogo, cuando no apetecemos más allá de lo que nos gusta, cuando nos atiborramos de aquello que satisface nuestros sentidos, cuando no movemos un dedo para cambiar de vida, cuando no nos sentimos interpelados por la necesidad de los demás, cuando no advertimos el amor de Dios, cuando no cultivamos el trato con Dios...

Dios es Padre amoroso. Él nos hace sus hijos y hermanos de los demás. Sólo esta verdad da sentido a nuestra vida. Vivir de otra manera no es sólo desperdiciar lo más valioso que tenemos, es perjudicar a los demás y a la sociedad entera. 

Buena ocasión el tiempo de Cuaresma para reflexionar... y volver a la casa del Padre. 

                        Miguel Esparza Fernández


«marzo»
lumamijuvido
22232425262728
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930311234

 

 
 
 
"ES TIEMPO DE CAMBIAR"
Juanes
 

  Libros   Electrónicos 

Diócesis internet:

Almodóvar
Arciprest. Mancha Norte
Calzada: Blog
Cáritas Diocesana
Carmelitas de Daimiel
Clarisas de Villarrubia
Concepcionistas Alcázar
Delegación Formación
Instituto Diocesano de Teología
El Autillo: Blog
GAM Anim. Misionera
Herencia: Inmaculada
HOAC Ciudad Real
Iglesia en Daimiel
iglesiaendamiel: Blog
Iglesia en Tomelloso
Iglesia en Villahermosa
Jóvenes de C. Real

Manos Unidas C. Real
Mínimas de Daimiel
Monaguillos
San Pedro de C. Real
San José Obrero C. Real
Sta. Catalina La Solana
Santiago de C. Real
Seminario Diocesano
Socuéllamos

Torre de Juan Abad
Órgano Histórico. Conciertos

 

Descárgate aquí el Boletín Mensual de Cáritas


 

 ã  Obispado de Ciudad Real · C./ Caballeros, 5 · Apdo: 36 · 13001 CIUDAD REAL  Tlf: 926 25 02 50  · Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis  · Mantenimiento Web: Pedro Crespo · Soluciones técnicas: Manchanet

 Logo de la Web de la Diócesis de Ciudad Real