Últimos meses del Jubileo de la Misericordia



Queridos diocesanos:

Estamos ya al comienzo de un nuevo curso pastoral, un curso que comenzaremos en continuidad con el pasado, retomando el objetivo de vivir el Jubileo de la Misericordia.

Es poco el tiempo que queda hasta la Festividad de Cristo Rey del Universo en noviembre, fecha en la que celebraremos la clausura de este Jubileo de la Misericordia.

Desde que lo inaugurábamos en la Fiesta de la Inmaculada Concepción, hemos tenido la oportunidad de gustar la misericordia que el Señor tiene con nosotros y la que nosotros debemos tener con nuestros hermanos.

Ciertamente, durante todo este tiempo hemos tenido la oportunidad de reflexionar y convencernos bien sobre la auténtica identidad de Dios, que es un Padre a quien se le conmueven sus entrañas ante las miserias, necesidades y pecados de los hombres. 

Durante todo este tiempo, hemos sido invitados a volver nuestra mirada a Cristo, a fijar nuestra atención y nuestra mirada en Cristo, porque en Él, vamos a poder sentir y palpar las verdaderas muestras de misericordia que el Padre tiene con nosotros, porque las podemos ver encarnadas en Cristo. Cristo, rostro auténtico del Padre, ha sido quien nos lo ha revelado, encarnando Él las mismas actitudes compasivas y misericordiosas que el Padre, de tal manera que todo su actuar es revelación de la misericordia del Padre.
De la misma manera, y desde el mismo lema del Jubileo, hemos sido conscientes de que la misericordia no es solo típica de la identidad de Dios, sino también de cada uno de nosotros sus hijos. «Misericordiosos como el Padre»: Él es nuestro modelo de cómo ser misericordiosos y se nos hace una llamada a ofrecer esta misma misericordia nosotros a los demás, lo mismo que el Padre Dios nos la ofrece a nosotros.
Hemos tenido la oportunidad de hacer realidad en nosotros, y vivir en nuestra vida, esta gran realidad de la misericordia, que nos da alegría y hace renacer en nosotros la esperanza.

Tal vez hay aún personas, cristianos a los que les hubiera gustado vivir de lleno esta realidad de la misericordia divina, y de practicarla ellos con los demás hermanos, pero han ido dejando pasar los días y han llegado al día en que aún no se han lucrado de la Indulgencia Plenaria que el Papa concede a los que pasen por la Puerta Santa con las debidas disposiciones. Desde aquí les animamos a que lo hagan , a que tengan la experiencia de pasar por la Puerta Santa, como símbolo de la apertura personal de su corazón, para que Cristo entre en ellos. Cristo es la verdadera puerta, por la que hemos de pasar. Cuando pasamos por la puerta Santa estamos significando que queremos dejar fuera todo aquello que nos separa o dificulta la vivencia del estilo de Jesús, la mundanidad; y que queremos dejar que Cristo entre en nuestra vida y nos transforme, por eso entramos en la Iglesia, para encontrarnos con el Señor y que sea Él quien transforme nuestra vida de acuerdo con su mensaje y con su vida.

Para aquellos que lo han dejado para última hora; durante estos meses de septiembre, octubre y noviembre hasta la fiesta de Cristo rey del Universo, la Puerta Santa de la Catedral estará abierta para todos cuantos quieran acudir a ganar la indulgencia plenaria y vivir la gracia del jubileo pasando por la Puerta de la misericordia. Igualmente se atenderá, especialmente, con la presencia de sacerdotes en los confesionarios de la Santa Iglesia Basílica Catedral para que quienes quieran acercarse a recibir el sacramento del perdón puedan hacerlo.

Aprovechemos estos meses para unirnos a toda la Iglesia que vive el perdón de Dios, se acoge a él y lo ofrece también a los hermanos.

+ Gerardo Listado completo de Cartas