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Es la frase evangélica que el mismo Jesucristo dice al leproso que se ha sentido curado por el Señor, junto con otros nueve leprosos, y sólo él vuelve a darle las gracias.
Mucho ha avanzado la medicina en todas sus disciplinas: cirugía, fármacos, medicina interna, siquiatría... y un sin fin de especialidades preventivas, curativas, paliativas etc. Sin embargo, está muy lejos la curación y erradicación de muchas enfermedades, lo que causa, muchas veces, pánico en los pacientes y sus familiares. En situaciones tan dolorosas y lejos de la fe en Jesucristo y en la Resurrección de todos, lejos del conocimiento que la fe nos da, lejos de saber lo que pasa después de la muerte, aparecen reacciones de todo tipo, desde la frialdad del juicio que asegura su destino fatal sin más, hasta el recurso a prácticas seudo-religiosas más o menos cercanas a la fe católica.
Por eso, los hombres y mujeres que vivimos gozosos la fe en Jesucristo en la Iglesia, nos debemos alegrar porque el Papa Benedicto, una vez más, nos ha iluminado esta Jornada Mundial dedicada a los enfermos con el breve mensaje anual. Nos dice él concluyendo el documento citado: “El tema de este Mensaje para la XX Jornada Mundial del Enfermo, «¡Levántate, vete; tu fe te ha salvado!», se refiere también al próximo «Año de la fe», que comenzará el 11 de octubre de 2012, ocasión propicia y preciosa para redescubrir la fuerza y la belleza de la fe, para profundizar sus contenidos y para testimoniarla en la vida de cada día (cf. Carta ap. Porta fidei, 11 de octubre de 2011). Deseo animar a los enfermos y a los que sufren a encontrar siempre en la fe un ancla segura, alimentada por la escucha de la palabra de Dios, la oración personal y los sacramentos, a la vez que invito a los pastores a facilitar a los enfermos su celebración. Que los sacerdotes, siguiendo el ejemplo del Buen Pastor y como guías de la grey que les ha sido confiada, se muestren llenos de alegría, atentos con los más débiles, los sencillos, los pecadores, manifestando la infinita misericordia de Dios con las confortadoras palabras de la esperanza (cf. S. Agustín, Carta 95, 1: PL 33, 351-352).
Ante la búsqueda de soluciones más o menos “milagrosas” que hunden más el ánimo de enfermos y familiares, cuando no se da la curación, el Papa nos dice a los católicos, y especialmente a los enfermos: “Deseo animar a los enfermos y a los que sufren a encontrar siempre en la fe un ancla segura, alimentada por la escucha de la palabra de Dios, la oración personal y los sacramentos, a la vez que invito a los pastores a facilitar a los enfermos su celebración.”
La fe no puede quedar reducida a un sentimiento o una convicción sin más, sino que ha de ser alimentada, repito, “por la escucha de la palabra de Dios, la oración personal y los sacramentos”, en definitiva, a sentir muy dentro de nosotros por la participación en la confesión y perdón de los pecados, la comunión del Cuerpo de Cristo y la Unción de los enfermos. Sacramentos que celebramos en la Iglesia, dentro de la familia de los hijos de Dios donde participan, efectivamente, la Santísima Virgen María, los Santos y un sin fin de personas vivas y ya difuntas que nos hacen ver la fuerza del Amor de Dios Padre que reúne a sus hijos, ahí está la tradición cristiana de acompañar a los enfermos, que reúne sí a sus hijos en un anticipo de lo que será “el Cielo nuevo y la Tierra nueva donde no habrá ni llanto ni luto ni dolor” como nos asegura la Palabra de Dios.
A María, Madre de Misericordia y Salud de los Enfermos, dirigimos nuestra mirada confiada y nuestra oración... para que acompañe, sostenga la fe y la esperanza de cada persona enferma.
Vuestro obispo, + Antonio
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