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14/03/2010
¡Alégrate! Eso quiere decir la palabra latina “laetare”. Ciertamente, este domingo cuarto es un domingo especial. ¿Por la cercanía de la Pasión y Muerte del Señor? ¿Qué alegría es esta? En este año sacerdotal, nosotros hemos abierto de nuevo las páginas que escribiera en su día San Juan de Ávila, nuestro cura de Almodóvar, para renovar la sociedad del siglo XVI, y encontramos perlas como esta:
“No habrá hombre de todos que no crea y diga en todo su seso, por verse en una devocioncilla o gusto espiritual y lagrimillas, que es ya perfecto y que sabe mucho las cosas divinas, que tiene grande ejercicio y ha pasado por grandes cosas, que tiene para sí y aun para los otros santidad verdadera, y todo puede ser unos testigos falsos qué afirman lo que no es, y a no tener una mejor prenda no están éstos tan seguros como imaginan, y aun, si os place, tienen ya prendas, y aun muy ciertas, que les han de dar silla y asiento en el reino de Dios y entre los querubines. Toda esta temeridad nace de una cosa tan peligrosa a todos y común a muchos, que es la falta del conocimiento del verdadero espíritu de Dios, casándose cada uno con su opinión, teniendo por mejor hacer lo que quiere que lo que no debe y seguir antes adonde guía el apetito de la sensual devoción que escuchar a donde llama el espíritu y doctrina de Jesucristo, que es todo negarse el hombre en todo, y seguir la voluntad del Señor, y procurar enteramente, y perfectamente mortificación de sí mismo.” (S. Juan de Ávila, Carta 19)
Ciertamente, suena a nuevo y a extraño este concepto de las cosas de la religión, repito: “escuchar a donde llama el espíritu y doctrina de Jesucristo, que es todo negarse el hombre en todo, y seguir la voluntad del Señor, y procurar enteramente, y perfectamente mortificación de sí mismo.” Nuestra alegría la hemos de poner donde está la voluntad de Jesucristo, más que en lo que nos produce a nosotros satisfacción y mucha devoción. Y os voy a poner un ejemplo bien actual en medio de los preparativos de la Semana Santa. Sabemos del esfuerzo de nuestras Hermandades y Cofradías por atender a los pobres de toda clase y condición, tratando de compatibilizar gastos con todo el esplendor que necesita el paso para ser procesionado. Nuestra “devoción”, por ser nuestra, nos dice que, cuanto más, mejor... y, sin embargo, y muy especialmente, hoy, en medio de esta pavorosa crisis, que, para muchos, es de auténtica supervivencia de vestidos y alimentos ¿Cuál es la voluntad de Jesucristo?
Con nuestro Santo de Almodóvar, tenemos, sin duda, que asegurar que “toda esta temeridad nace de una cosa tan peligrosa a todos y común a muchos, que es la falta del conocimiento del verdadero espíritu de Dios”. El domingo cuarto de la Cuaresma nos invita a la Alegría, nos dice que hemos de estar alegres en el seguimiento de Jesucristo, en quien es capaz de atraernos desde la cruz y con el corazón abierto traspasado por el mismo mal que aflige a la Humanidad entera y que realizó físicamente la lanzada de Longinos. El Señor Jesús es el que nos da la devoción auténtica, que no es otra que la pasión que nos hace sentir cuando, identificados con Jesucristo, nos movemos con su com-padecer. Padecer con Jesucristo, que es lo mismo que dejarnos llenar del Amor de Dios, del Amor que Dios Padre nos ha entregado en su Hijo, para que, en medio de esta crisis, cuando, donde y como quiera que sufran los demás, nos encuentren y se sientan amados por Dios como nosotros.
Termina el Papa en su mensaje cuaresmal: “Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor”.
Vuestro obispo + Antonio
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