LA ECONOMÍA DE LA IGLESIA
Entrevista a Fernando
Jiménez Barriocanal
«La gente no conoce cuál es la
verdadera situación económica de la Iglesia»
Habla Fernando Giménez, responsable
de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española
MADRID, 28, abril 2008 (ZENIT.org).-
La Iglesia española prepara actualmente una campaña informativa sobre el nuevo acuerdo
alcanzado con el Gobierno en materia económica, según explica a Zenit el responsable de
Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española.
«El problema es que los ciudadanos
en general no conocen la realidad económica de la Iglesia católica», afirma.
La financiación de la Iglesia
católica en España se estableció en los acuerdos bilaterales entre el Estado y la Santa
Sede, y consistía en la renuncia de la Iglesia a recibir directamente dinero del Estado y
que fuesen los ciudadanos quienes voluntariamente contribuyesen a su financiación. Esta
fórmula se materializaba a través de un pequeño porcentaje asignado de la tributación
de la Renta, el 0,52%, que los contribuyentes destinarían a la Iglesia o a otros fines
sociales marcando cada año la correspondiente casilla en el formulario tributario.
Sin embargo, los acuerdos preveían
un periodo de «ajuste» de un máximo de cinco años durante el cual el Estado
«completaría» la financiación a cargo de los presupuestos generales del Estado. Este
periodo provisional, por diversas razones, se ha prolongado hasta ahora, cuando finalmente
el Gobierno y la Iglesia han renegociado el porcentaje, que era insuficiente para que la
Iglesia se autofinanciara.
En esta entrevista, el
vicesecretario de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española, el laico
Fernando Giménez Barriocanal, explica en qué consiste esta reforma, así como a qué
fines se destina el dinero en la Iglesia católica.
--¿En qué consiste la reforma de
la financiación de la Iglesia?
--Fernando Giménez Barriocanal:
Consiste en varias cosas, en primer lugar que, a partir de ahora, los contribuyentes
pueden destinar un 0,7% de los impuestos de la renta a la Iglesia Católica, mientras que
antes el porcentaje era del 0,52%. En segundo lugar, la Iglesia va a recibir para su
sostenimiento sólo lo que se obtenga de esta asignación, mientras que hasta ahora había
tenido un mínimo garantizado en los presupuestos generales del Estado. En tercer lugar, a
cambio de esta subida, la Iglesia ha renunciado a cambio a una serie de beneficios
fiscales que tenía en materia de IVA. Lo más importante es la modificación del
porcentaje del Irpf: de cada 1.000 euros de sus impuestos, los contribuyentes pueden
destinar 7 al sostenimiento de la Iglesia.
--Esto, para el contribuyente, ¿va
a suponer algún cambio?
--Fernando Giménez Barriocanal: No,
en absoluto. Ni los contribuyentes que deben pagar a Hacienda tienen que pagar más por
marcar la casilla, ni a los que les toca devolución les van a devolver menos, ya que ese
porcentaje corresponde a la cuota íntegra, que se calcula sobre impuestos teóricos antes
de las deducciones. Por tanto, para el contribuyente es neutral el hecho de marcar la
casilla.
--Esta reforma, ¿estaba prevista en
los acuerdos Iglesia-Estado de 1979 o supone una modificación de los mismos?
--Fernando Giménez Barriocanal:
Efectivamente estaba prevista. Cuando se firmaron los acuerdos se estableció que se iba a
poner en marcha el sistema de la asignación tributaria, y se preveía un periodo de
transición que iba a durar aproximadamente tres años, para acomodar el porcentaje a la
capacidad real de obtención de recursos, y lamentablemente ha tardado casi 19 años en
ponerse en práctica.
Pero lo importante es que lo que se
ha hecho estaba pactado en los Acuerdos: establecer un porcentaje adecuado y que la
Iglesia renunciara al mínimo garantizado que tenía hasta ahora.
--En este nuevo acuerdo, ¿la
Iglesia sale perdiendo desde el punto de vista económico?
--Fernando Giménez Barriocanal: Es
difícil de prever. Lo lógico es que, si las cosas se trabajan bien y la Iglesia explica
bien su mensaje, se puedan recabar por esta vía más recursos. Lo que también es verdad
es que pierde la seguridad de ese mínimo garantizado que tenía hasta ahora. Yo confío
en el trabajo que vamos a realizar de explicación de lo que la Iglesia es para obtener
más recursos. Si no, no habríamos llegado a este acuerdo.
En noviembre hicimos una campaña de
imagen, explicando lo que es la Iglesia, y este mes de abril estamos comenzando una nueva
campaña, más intensa, con spots publicitarios en televisión, en radio, con
intervenciones en los medios, y probablemente pongamos en marcha también un periódico
gratuito. Se trata de explicar a los contribuyentes cómo tienen que hacer cuando reciben
el borrador de la declaración, y sobre todo a qué se destinan estas aportaciones.
--¿A qué se destina el dinero de
la Iglesia?
--Fernando Giménez Barriocanal: A
las cuatro finalidades recogidas en el Código de Derecho Canónico: en primer lugar, a
mantener a los cerca de 20.000 sacerdotes existentes en España; en segundo lugar, a
mantener la actividad litúrgica en las cerca de 22.700 parroquias del país; en tercer
lugar, a la actividad evangelizadora (no sólo en España: hay cerca de 19.000 misioneros
españoles en todo el mundo), y por último, a la actividad asistencial.
--Para que la gente se haga una
idea, ¿cuánto cobra un sacerdote?
--Fernando Giménez Barriocanal:
Depende de las diócesis. Lo que se les garantiza es el salario mínimo interprofesional.
Podemos hablar, por ejemplo, en el caso de un párroco, de un salario entre 600 y 800
euros al mes. Los obispos cobran algo más, alrededor de 900 euros al mes. Es verdad que
muchos sacerdotes tienen vivienda parroquial, pero como puede verse, la austeridad en la
que nos movemos es grande. Hay que recordar que un sacerdote cotiza por el salario
mínimo, sin derecho a baja laboral, y que cuando se jubilan percibe sólo la pensión
mínima.
--Hay otra cuestión que es la del
patrimonio, la Iglesia española tiene una carga patrimonial importante.
--Fernando Giménez Barriocanal: Sin
duda, la Iglesia es titular de un inmenso patrimonio histórico-artístico, un patrimonio
del que se beneficia toda la sociedad, pero que tiene también dos notas importantes: por
un lado, no es enajenable, no se puede vender; y por otra, es una fuente de gastos más
que de ingresos. Es decir, es un patrimonio muy caro de mantener, y por aunque
nominalmente suponga una riqueza, en realidad la Iglesia lo único que hace es
administrarlo y pagar los gastos que ocasiona (las facturas de la luz, la calefacción,
etc.).
--En estos días se ha conocido la
sentencia del caso Gescartera, por el cual tanto se criticó a la Iglesia. ¿Por qué la
Iglesia invierte en fondos y qué pasó exactamente?
--Fernando Giménez Barriocanal: La
Iglesia tiene algunos fondos provenientes de herencias, legados y fundaciones, de personas
que han querido que los intereses de su patrimonio reviertan en actividades de carácter
social o evangelizador. Ese dinero tiene que invertirse en los mercados financieros, que
es donde se pueden generar esos intereses. Normalmente se hace en base a criterios de
prudencia, con la máxima seguridad posible, buscando una rentabilidad adecuada (para que
puedan cumplir el fin a que se han destinado) y ese es el motivo por el que muchas
instituciones religiosas dispongan de fondos en el mercado. ¿Dónde se invierten? Pues no
hay una norma establecida, aunque sí se pide a los intermediarios (profesionales) que se
haga en fondos seguros, éticos, etc.
La mayoría de los operadores
financieros son solventes y serios, pero concretamente en el caso Gescartera no fue así,
y las instituciones que le confiaron sus fondos fueron las grandes perjudicadas al perder
su patrimonio. Lo verdaderamente lamentable es que, a esas instituciones que han perdido
su patrimonio, encima se las culpabilice por haber tenido ese dinero, que habían recibido
para dedicarlos a los fines de que hablaba antes.
--De todas las partidas económicas,
¿cuál es a la que se destina más dinero?
--Fernando Giménez Barriocanal:
Como es lógico, lo primero que aseguramos es el mantenimiento de los sacerdotes, eso
consume una parte importante de los recursos. A partir de ahí, se distribuye
atendiendo a las necesidades básicas (mantenimiento de los templos, etc.) En cuanto a la
actividad asistencial, muchos fondos se reciben directamente de los benefactores.
Me interesaría destacar que, al
margen del dinero, hay una aportación muy importante que la gente realiza en tiempo:
estoy pensando en los más de 60.000 voluntarios que tiene Cáritas, en los más de 70.000
catequistas y agentes de pastoral, y en esas miles y miles de personas que dedican su
tiempo gratuitamente a la labor evangelizadora y asistencial de la Iglesia.
--¿La Iglesia gasta menos de lo que
produce?
--Fernando Giménez Barriocanal: Eso
por supuesto. Recientemente hemos hecho un estudio en el que se muestra que sólo en las
parroquias se producen 42 millones de horas de trabajo pastoral. Si eso lo
valoráramos a un precio de coste, estaríamos hablando de alrededor de 900 millones de
euros (si lo valoráramos a precio de mercado estaríamos hablando de más del doble),
¡mientras que de la Asignación Tributaria se reciben alrededor de 150 millones de euros!
Por poner otro ejemplo, sólo en materia educativa (los centros concertados) la Iglesia le
ahorra al Estado alrededor de 3.000 millones de euros. Es indudable que la Iglesia ofrece
(y ahorra) mucho más de lo que gasta.
--Pero el dinero de los colegios
concertados no sale de este fondo...
--Fernando Giménez Barriocanal: No,
en absoluto. El dinero de los colegios concertados sale del bolsillo de todos los
españoles, que decidimos en su día que la enseñanza obligatoria era gratuita, lo que
hace que el Gobierno arbitre partidas, desde los presupuestos generales del Estado,
destinados a la enseñanza, sea en centros públicos o en privados concertados. Esto es
muy importante señalarlo, porque el dinero no se destina a los centros sino a los alumnos
y sus necesidades. Lo que sucede, como ha señalado Fere en varias ocasiones, es que una
plaza en un colegio concertado le cuesta a la administración aproximadamente la mitad que
la misma plaza en un colegio público, por varias razones (mejor gestión, mayor
contención de los gastos, etc.). Ése es el ahorro al que me refería antes. No es que el
Estado subvencione a la Iglesia, sino más bien al contrario, son los centros de
titularidad católica los que están ahorrando recursos a las administraciones.
--Una precisión de orden técnico:
el dinero que se recibe a través de la Asignación Tributaria, ¿lo gestiona directamente
la Conferencia Episcopal o se pasa a las diócesis?
--Fernando Giménez Barriocanal: La
Conferencia Episcopal recibe el dinero de la asignación tributaria, y aprueba un sistema
de reparto (cada año se hace público en rueda de prensa): una parte (alrededor del 20%)
lo gestiona directamente la Conferencia Episcopal, y básicamente se destina a pagar la
Seguridad Social de todos los sacerdotes de España, y otras partidas de gastos
(facultades eclesiásticas, etc). El grueso (80%) se reparte entre las 69 diócesis,
mediante un complejo sistema de reparto atendiendo a las necesidades básicas (de personal
y de pastoral).
--En España ¿hay diócesis más
pobres que otras?
--Fernando Giménez Barriocanal:
Claro que sí. Dentro de las 69 diócesis las hay con 3 millones de habitantes (por
ejemplo Madrid) y otras que no llegan a los 50.000 (como Ciudad Rodrigo o Ibiza). Hay
diócesis con más patrimonio histórico que otras, hay diócesis que tienen más
trabajado el sistema de financiación, hay diócesis mayormente rurales (por ejemplo
Astorga, con cerca de 900 parroquias) que necesitan más recursos para su mantenimiento,
respecto a otras diócesis más urbanas.
Todo esto se tiene en cuenta en el
reparto: hay diócesis que dependen mucho de la Asignación Tributaria, fundamentalmente
las pequeñas y rurales, y otras que dependen mucho menos.
--Aparte de la asignación
tributaria, ¿por qué otras vías se financia la Iglesia?
--Fernando Giménez Barriocanal: Hay
muchas campañas a lo largo del año, como el Día de la Iglesia Diocesana. La Iglesia se
financia sobre todo gracias a la aportación de los fieles (sea a través de las colectas
dominicales, de las campañas anuales o de las suscripciones periódicas), ésa es la
principal fuente de financiación. La asignación tributaria es una especie de
»colchón de seguridad» que nos permite tener unos ingresos mínimos para cubrir
necesidades básicas, pero la parte fundamental proviene del compromiso personal de los
católicos que destinan su dinero directamente a favor de la Iglesia.
--Sin embargo, en el «imaginario
colectivo» la Iglesia «tiene muchos bienes» y además «recibe un trato de favor» o
«subvenciones» por parte del Gobierno.
--Fernando Giménez
Barriocanal: Yo creo que muchos españoles no conocen la realidad económica de la
Iglesia, hay mucha gente que aún piensa que «a los curas les paga el Estado», cosa que
dejo de ser así hace muchos años, también hay mucha gente que piensa que la
iluminación de las catedrales se paga sola. Hay un gran desconocimiento de lo que la
Iglesia hace, de en qué invierte sus recursos, y por eso estamos comenzando esta
campaña. Estoy convencido de que cuando la gente conoce realmente la economía de la
Iglesia, sin duda alguna es mucho más generosa.
¿Cómo se financia
la Iglesia Católica en Ciudad Real?
Hace ya cierto
tiempo que el Gobierno Español y la Conferencia Episcopal Española han llegado a un
punto de acuerdo, por el cual los contribuyentes que marquen la X en la Declaración en la
renta destinarán a la Iglesia Católica el 0´7 % de los impuestos que ya pagan.
El gobierno lo ha
decidido así porque comprende que la Iglesia Católica ha de ser reconocida y, además,
promovida, en cuanto que su inmensa acción religiosa contribuye al bien de las personas,
de las familias y de toda la sociedad, incluso en muchísimos otros países del mundo.
¿ Se financia
totalmente la Iglesia con ese 0´7 % ?. No, porque la cantidad que procede de la
Declaración de la Renta es una pequeña parte de todos los gastos. Es importante este
medio porque ayuda en, más o menos, un 20 % de lo que la Iglesia necesita para realizar
su acción evangelizadora y misionera.
Junto a este medio,
la mayor parte de los ingresos que la Iglesia recibe proceden de las colectas, de los
donativos y de las herencias, ... que hacen los propios católicos, los grupos y
hermandades y otras personas que valoran el trabajo religioso y social, y quieren apoyarlo
con sus donativos.
Recordemos que estos
donativos desgravan el 25 % (y si lo realiza alguna empresa, la desgravación es el 35 %).
En este sentido,
muchas gracias por ese compartir generoso.
¿Qué decir de
aquellos católicos que no hacen ninguna aportación?. Que sean conscientes y piensen que
no son "los otros" los que tienen que mantener las cosas, sino que corresponde a
todos los bautizados.
Proponemos dar un
paso más: Que, mediante una suscripción periódica, tú o tu familia, destines una parte
a tu parroquia (sabiendo que esta aportación desgrava en la declaración de la renta). Lo
puedes hacer a través de tu banco o caja de ahorros. Domiciliación.
Por eso, la
parroquia informa cada año de cuáles son sus ingresos y gastos, y a qué los destina.
Gracias a tantos seglares, que forman parte del Consejo de Asuntos Económicos en cada
parroquia, por el gran servicio que prestan como cristianos a toda la comunidad eclesial.
Vicente Ramírez de
Arellano Rabadán,
ecónomo diocesano.
LA ECONOMÍA DE LA
IGLESIA:
INTERROGANTES Y RESPUESTAS
FERNANDO GIMÉNEZ BARRIOCANAL
PUBLICADO EN ALFA Y OMEGA Y IUS CANONICUM (9/XII/2004)
Ante la confusión
suscitada en los medios comunicación social en relación con la economía de las
instituciones de la Iglesia, el Secretario Técnico de la Gerencia de la Conferencia
Episcopal Española aclara los siguientes interrogantes:
¿Se puede hablar de
la Iglesia como un organismo que administra conjuntamente sus bienes?
Esta afirmación es,
sin duda, una de las mayores equivocaciones que se cometen a la hora de hablar de la
Iglesia. Desde el punto de vista administrativo y jurídico, no existe la Iglesia como un
ente único que gestiona todo el patrimonio eclesial. Lo que existen son las instituciones
de la Iglesia (diócesis, parroquias, Órdenes y congregaciones religiosas, asociaciones,
fundaciones, etc.) Son más de 40.000 instituciones en España. Cada una de ellas funciona
con su propio estatuto económico y autonomía, de acuerdo con su naturaleza y las normas
de Código de Derecho Canónico.
¿Son las diócesis
españolas sucursales, desde el punto de vista económico, de una entidad superior?
Pensar que las
diócesis son sucursales de la Conferencia Episcopal es desconocer totalmente la
legislación y la organización de la Iglesia. Cada diócesis actúa, en el plano
económico, de manera independiente, sin tener que rendir cuentas o ajustarse a normas que
no sean las del Código.
¿Por qué el Estado
colabora económicamente con la Iglesia?
El 3 de enero de
1979 el Estado Español y la Santa Sede firmaron una serie de
Acuerdos. Entre
ellos está el Acuerdo sobre Asuntos Económicos, que establece los mecanismos de
colaboración del Estado con la Iglesia. Se trata de un Tratado Internacional entre dos
Estados, refrendado por la Cortes Españolas y firmado una vez entrada en vigor la
Constitución. Por tanto, el actual mecanismo de colaboración con la Iglesia no obedece a
un capricho de un Gobierno, sino que se ajusta a un compromiso de carácter legal, de
acuerdo con los artículos 93 a 96 de la Constitución Española.
¿Cómo y cuánto
dinero entrega el Estado a la Iglesia?
Los propios Acuerdos
establecen la cuantía y fijan un mecanismo basado en lo que hoy conocemos como
asignación tributaria. Es incorrecto afirmar que el Estado es el que subvenciona a la
Iglesia. La ayuda se recibe a través de la asignación de cada uno de los declarantes del
IRPF. La ineficiente instrumentación técnica de la asignación, establecida
unilateralmente por el Gobierno, es la que provoca el que el Estado tenga que completar la
cuantía para cumplir sus compromisos establecidos en los Acuerdos.
Actualmente, de
acuerdo con la ley de Presupuestos del Estado de 2001, el Estado entrega a la Iglesia un
total de 1.812 millones de pesetas mensuales.
¿Quién recibe ese
dinero, y cómo y cuándo se distribuye?
El dinero lo recibe
la Conferencia Episcopal, quien lo reparte a distintas instituciones de la Iglesia,
fundamentalmente a las 67 diócesis españolas. Los criterios son aprobados por la
Asamblea Plenaria de obispos y los datos del reparto son públicos, ya que se presentan
anualmente en rueda de prensa. La Conferencia Episcopal entrega mensualmente el dinero a
las diócesis, el mismo día que recibe la transferencia bancaria. Asimismo, la
Conferencia cumplimenta todas las obligaciones legales derivadas del sistema, y entrega
Memoria justificativa del reparto en la Dirección General de Asuntos Religiosos,
dependiente del Ministerio de Justicia. Las congregaciones religiosas no participan de
dicho reparto.
¿Cuáles son las
fuentes de financiación de una diócesis?
Las diócesis
españolas obtienen recursos económicos a través, básicamente, de tres vías: la
primera y fundamental es la aportación directa de los fieles (donativos, suscripciones
periódicas, etc.) Una segunda vía la constituyen los fondos recabados de
Administraciones públicas, como es la dotación estatal. Por último, existe una tercera
vía, derivada de la gestión adecuada de su propio patrimonio.
¿A qué fines
destina la Iglesia sus recursos?
Los bienes de las
instituciones de la Iglesia están destinados al cumplimiento de sus fines que están
claramente identificados en nuestro ordenamiento: el mantenimiento del culto
(conservación de más de 20.000 parroquias y construcción de nuevos templos), el
sostenimiento del clero (20.000 sacerdotes en la actualidad), el ejercicio del apostolado
(es decir, el anuncio y la predicación de la Fe) y el ejercicio de la caridad (lo que
algunos denominan la acción social de la Iglesia).
¿De dónde salen
los dineros que las instituciones de la Iglesia tienen invertidos? ¿No se podrían
utilizar en beneficio de los pobres?
Es éste el punto
donde la demagogia actúa con mayor fuerza. Los recursos invertidos provienen,
fundamentalmente, de dos vías: por una parte, muchos resultan ser el capital permanente
de fundaciones, cuyo funcionamiento depende del rendimiento de dichos capitales. Por
ejemplo, a través de una herencia se constituye una fundación con 500 millones para que,
mediante sus rendimientos (pongamos 30 millones al año), se pueda realizar una
determinada actividad pastoral o social. En consecuencia, el capital constituido no puede
ser aplicado a otra finalidad que no sea la fundacional. En otros casos, los recursos se
encuentran transitoriamente en la Administración diocesana para hacer frente a distintas
inversiones (construcción de templos, residencias, centros de formación, etc.), o para
atender obligaciones futuras (por ejemplo, en el momento de la jubilación, los sacerdotes
únicamente perciben la pensión mínima fijada por ley).
En consecuencia,
dada la naturaleza de los fines para los cuales están destinados los recursos
económicos, es obligación de los ecónomos o administradores gestionar con diligencia
los recursos que administran, buscando su adecuado rendimiento, siempre conforme a la
legalidad y de acuerdo con los principios básicos de la moral católica.
Así es como se
viene funcionando.