Corpus Christi


Hoy domingo, 29 de mayo, celebramos en toda la Iglesia la solemnidad del Corpus Christi, el día del amor de Cristo entregado por nosotros y nuestra salvación. Cristo en la cruz entrega su cuerpo y sangre por nosotros, rescatándonos así del pecado a precio de dicha entrega.

La eucaristía es el memorial de la muerte y la resurrección de Cristo, es la celebración incruenta de la entrega del Señor a la muerte por nosotros y por la salvación de todos los hombres. Cada vez que la celebramos, lo hacemos como misterio de nuestra fe, anunciando su muerte, proclamando su resurrección y pidiendo su segunda venida.

La solemnidad del Cuerpo de Cristo es la fecha en la que la Iglesia celebra, también, el día de la Caridad,  una jornada que nos hace una llamada especial a vivir la caridad con los más necesitados de nuestra sociedad y la solidaridad con ellos.

El paro, la falta de empleo, está siendo, por desgracia, la dura, penosa y crujiente realidad, que golpea y daña la vida de tantas personas que están sufriendo las consecuencias del mismo; tantas y tantas familias que lo están pasando realmente mal, porque no tienen ningún miembro trabajando y sufren las consecuencias psicológicas, personales y morales de un paro de larga duración y sin muchas perspectivas de solución.
El papa Benedicto XVI, en la encíclica Caritas in Veritate en los números 25 y 27 habla así del paro y su repercusión en las personas: «el paro provoca hoy nuevas formas de irrelevancia económica, y la actual crisis sólo puede empeorar dicha situación. El estar sin trabajo durante mucho tiempo, o la dependencia prolongada de la asistencia pública o privada, mina la libertad y la creatividad de la persona y sus relaciones familiares y sociales, con graves daños en el plano psicológico y espiritual. Quisiera recordar a todos, en especial a los gobernantes que se ocupan en dar un aspecto renovado al orden económico y social del mundo, que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad: «Pues el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social».

La Eucaristía pide de nosotros que participamos en ella un compromiso a favor de los pobres, de los necesitados, de los que nos están tendiendo su mano en busca de ayuda, de solidaridad y de amor compartido. La Unión con Cristo en la Eucaristía es unión con todos los demás a los que él se entrega. El Catecismo de la Iglesia Católica 1397 abunda en la misma insistencia: «Para recibir en la verdad el cuerpo y la sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, nuestros hermanos».

No podemos participar en la Eucaristía y ser indiferentes a que haya entre nosotros hermanos que sigan sin tener para vivir. Hemos de ser solidarios con ellos aportando nuestro grano de arena, para que los pobres de siempre y los surgidos de la nueva situación dramática del paro, sientan que el Señor a través de la entrega, de la solidaridad y en la generosidad que con ellos tenemos sus seguidores, sigue entregándose por ellos.
Seamos generosos y privémonos de algo nuestro para ofrecérselo a Cáritas, como cauce a través del cual la Iglesia vive y ejerce su caridad,  para que pueda seguir socorriendo a tantas personas y familias que acuden, diariamente a ella, en busca de lo más necesario para vivir.

La unión con Cristo en la Eucaristía pide la unión con todos y el amor a todos los hermanos por los que él se entrega. Pongámonos en la situación de los necesitados y comprometámonos con ellos como nos gustaría que los demás se comprometieran con nosotros, si fuéramos nosotros los necesitados. Tendamos la mano al hermano necesitado, porque en la mano del hermano necesitado nos vamos a encontrar con la mano de Dios.

+ Gerardo
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